Sangre, fuego y una tragedia familiar. Así cerró HBO la tercera temporada de ‘House of the Dragon’, con un capítulo que trasladó por fin el conflicto entre Verdes y Negros al campo de batalla y dejó, de paso, una de las muertes más impactantes de la serie hasta ahora.
La caída de Tumbleton
Después de varios episodios de maniobras políticas, la guerra finalmente estalla en Tumbleton. Rhaenyra había insistido en evitar una masacre indiscriminada con dragones y, siguiendo el consejo de Daemon, apostó por un cerco progresivo de la ciudad antes que por un ataque arrasador. Pero cuando llega la hora del asalto, la estrategia se ajusta: en vez de lanzar a Caraxes directamente contra la ciudad, Daemon envía a Roddy the Ruin y a los llamados Winter Wolves a escalar las murallas, mientras él mismo termina abriendo una brecha en la puerta principal a lomos de su dragón.
Dentro de Tumbleton el caos se apodera de todo. Hugh, que debía quedarse resguardando Desembarco del Rey, aparece de improviso y abandona a su propio dragón para lanzarse a buscar a su esposa entre las calles sitiadas. Gwayne intenta, sin lograrlo, convencer a Daeron de no sumarse al combate en dragón, pero la disputa queda interrumpida por la llegada de Ulf, quien ya ha cambiado de bando: montado en Silverwing, arrasa con fuego las filas de los soldados leales a Rhaenyra.
En medio de la batalla, Daemon se enfrenta cuerpo a cuerpo con Jon Roxton; ambos empuñan espadas de acero valyrio heredadas por generaciones, y el duelo termina en tablas cuando los separan los escombros de un edificio derrumbado. Poco después, Roddy the Ruin da alcance a Ormund Hightower y lo hiere de muerte en plena calle, pero es el propio Ulf quien, desde el aire, termina calcinando a los dos hombres con fuego de dragón.
Al cierre de la batalla, el saldo de bajas es alto: Ormund Hightower, Roddy the Ruin, la esposa de Hugh y varios personajes secundarios quedan entre los caídos.
Una despedida bordada
Mientras Tumbleton arde, en Desembarco del Rey Rhaenyra fuerza su propia consagración religiosa. Ante la negativa del Sumo Septón a ungirla como reina legítima, ordena que lo maten frente a la multitud congregada y luego pronuncia un discurso en el que se presenta como la figura de una antigua profecía llamada a sentarse en el Trono de Hierro. La reacción del pueblo, sin embargo, es de desconfianza más que de entusiasmo.
El golpe más duro del capítulo llega al final: Helaena, que había pasado sus últimas escenas bordando en silencio, se arroja por una ventana del Torreón Rojo. El tapiz que deja terminado funciona casi como una nota de despedida: muestra a una mujer cayendo desde una torre del castillo. En una sección anterior del mismo bordado aparece Rhaenyra sentada en el Trono de Hierro, rodeada de fuego y caos, una imagen ante la que la reina solo parece reparar en su propio triunfo.
Lo que queda pendiente
El capítulo también deja una escena difícil de descifrar: hacia el final se ven, casi al mismo tiempo, tres dragones —Tessarion, Caraxes y Vermithor— sobrevolando Tumbleton, sin que quede del todo claro qué ocurre entre ellos ni quién monta al tercero. Es una de las piezas sueltas que la serie deja para resolver más adelante.
Con este final, ‘House of the Dragon’ siembra varias líneas para lo que viene: la búsqueda de Vhagar por parte de Aegon y Aemond, la advertencia del Sumo Septón sobre las consecuencias de desafiar a la Fe, y la duda de quién —si es que alguien lo hace— seguirá bordando el tapiz que ha acompañado visualmente a la serie desde su arranque.