Un arranque de poder a poder
En el primer cuarto de hora, la novedad era el entusiasmo de los hinchas de Noruega, inferiores en número pero no en entusiasmo, haciéndose escuchar en medio del 'England, England' que retumbaba de cuando en cuando en el Hard Rock Stadium de Miami. Los ingleses se repetían en cambios de frente que no inquietaban, Kane descendía más al medio para conectar con Bellingham y Haaland en la suya, apenas trotando, casi caminando, fingiendo desidia. Nada más peligroso...
Pero se olvidaban de los arcos, tomando suficientes precauciones. Hasta que a los 28 minutos inventó Bellingham el tiro libre que cobró desviado Kane, debieron dejar, como pedía la tribuna, que entrara Beckham, en su traje, a cobrarlo...
El gol de Haaland y la respuesta de Bellingham
Y entonces Haaland, el que parecía no estar, avisaba con su cabezazo frontal a manos de Pickford que el primer gol estaba por llegar; la pérdida de Kane en el medio fue directo a Shjelderub, a los 34 minutos, y enloqueció a los ex fríos noruegos: ¡toma tu remo de pura felicidad! A los 38 perdonaba el segundo el mismo verdugo y a los 39 era Sorloth el que hacía volar a Pickford y eso, ante un gigante como Bellingham, era una provocación: un pase que lo encontró libre acabó con dos zagueros tirados en el camino, un remate abajo casi desde el suelo y un golazo para el 1-1 a los 45. ¡Qué momento! 'Hey Jude' cantaba la tribuna cuando vino el grito en vano del 2-1: un fuera de lugar arruinó el festejo de Kane.
Complemento de tensión y locura inglesa
Y apenas volvían de los camerinos cuando el turno de gritar sin ver el tanto en el marcador era para Noruega, la jugada que se anuló por una falta previa de Haaland y un respiro a los ingleses, que, con Rice en el intermedio, salieron del camerino casi anestesiados.
Y nuevamente iban y venían los golpes, tal vez sin tanta llegada a los arcos pero con un despliegue físico descomunal, un show de Nusa en Noruega y de Eze primero y Spence después, explotando la espalda de los agotados laterales rivales, incapaces ya de hacer tanto daño con centros a Haaland. Cansados también parecían Kane y Madueke y ya por la banda derecha no había mayor amenaza.
Y a pesar de todo se las arreglaban los vikingos para estrellar un balón en el travesaño cuando parecía inerme Pickford y en el lado inglés perdonaba también Saka, en un duelo de tensión y nerviosismo hasta que se completaron los 90 minutos reglamentarios.
El tiempo extra y la gloria de Bellingham
Pero a este nivel el cansancio, sin duda, es sicológico. Porque con un par de sorbos de rehidratantes fue otra Inglaterra en el arranque del tiempo extra, una que olió debilidad en Noruega y apenas a los 3 minutos, tras un rechazo defectuoso del portero, encontró a Bellingham entrando como un camión al área y definiendo sin piedad para el 2-1. Otro golazo de Jude, otro coro ensordecedor, y ya van seis en este Mundial en el que amenaza con ser gran figura.
Spence entró a los 86 minutos y a él le cometieron la falta que marcó como penalti inicialmente el juez pero que luego, en la revisión del VAR, descalificaron pues la pierna del atacante fue al frente de la del zaguero y no hubo infracción.
Infortunadamente ya no había mayor reacción en un elenco noruego que sufría a mares con cada balón largo y que ya ni con el remo en las tribunas lograba reaccionar. Incluso Inglaterra desperdició el tanto definitivo a los 109 minutos en una ¡triple ocasión! con Kane y Eze disparando desde ambos costados. Se fue Bellingham en medio de una ovación para darle paso a un central: 'another brick in the wall' (otro ladrillo en la pared) montó Tuchel para un cierre de angustia y, ahora sí, agotamiento de los suyos.
El reloj fue el último aliado de la causa inglesa y así se abrió camino a la semifinal, amparado esta vez no en el goleador Kane, de discreta jornada, sino en Jude a quien, ebrios de esperanza y mucha, mucha cerveza, corearon a la salida del estadio los aficionados que ya palpitan el fin de la maldición de 1966.