En la región oriental de Donetsk, las ciudades de Kramatorsk y Sloviansk se han convertido en el último baluarte de la resistencia ucraniana frente a la ofensiva rusa. A pesar de que el ejército ruso ha logrado avances mínimos, no cesa en sus ataques con misiles, bombas aéreas, drones y artillería, buscando debilitar estas posiciones estratégicas.
Las fuerzas ucranianas, como la Brigada 93, emplean tácticas de guerra electrónica para contrarrestar la presencia constante de drones rusos, interceptando señales y pirateando unidades enemigas para obtener información vital sobre sus movimientos.
Según expertos y plataformas independientes que monitorean el conflicto, Rusia controla aproximadamente el 78.5% de las provincias de Lugansk y Donetsk. Sin embargo, para consolidar su dominio total sobre el Donbás, Moscú necesitaría al menos dos años, debido a la resistencia activa en ciudades como Kramatorsk y Sloviansk.
“Prevemos al menos dos años de combates, durante los cuales se perderán una gran cantidad de hombres, equipo y otros recursos”, advierte Ruslan Mykula, analista experto en el conflicto.
La población civil en estas ciudades sigue viviendo bajo la sombra constante de los ataques. A pesar del miedo, muchos residentes optan por permanecer en sus hogares, aferrándose a la vida cotidiana en medio de la destrucción y la incertidumbre.
Las autoridades locales en Sloviansk han implementado medidas de protección como la instalación de túneles aéreos de redes para mitigar el impacto de los drones enemigos, una señal clara del aumento en la sofisticación y frecuencia de los ataques rusos.
Por su parte, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski ha declarado que la ofensiva rusa planeada para marzo ha sido detenida, destacando la resiliencia de las tropas ucranianas en la defensa de estas posiciones clave.
En medio de esta situación, la estación de tren de Kramatorsk permanece desierta desde que fue blanco de un ataque masivo en abril de 2022, que causó la muerte de más de 60 civiles. La vida en la ciudad transcurre entre escombros y la lucha por mantener la normalidad frente al conflicto.
“Pasamos miedo, especialmente por la noche cuando ocurren los bombardeos, pero no pensamos irnos a menos que haya una evacuación general”, comenta Svetlana Holovanek, una residente de 80 años en Kramatorsk.
La batalla por el control del Donbás, con Kramatorsk y Sloviansk como epicentros, continúa siendo una de las disputas más intensas y decisivas en el conflicto entre Rusia y Ucrania, simbolizando la resistencia y la determinación de un pueblo frente a la agresión.