Alejandro Zalazar, un anestesiólogo de 31 años, fue encontrado sin vida en su departamento de Buenos Aires el 20 de febrero, con una vía intravenosa conectada al pie y material para inyecciones descartables. Las primeras investigaciones apuntan a una sobredosis de propofol y fentanilo, potentes anestésicos de uso hospitalario.
Este trágico suceso ha desatado una investigación judicial que ha revelado un presunto circuito clandestino de robo de anestésicos en hospitales, cuyo destino final sería el consumo recreativo en reuniones privadas y fiestas exclusivas.
El impacto en la comunidad médica y judicial
Las autoridades argentinas analizan cómo estos fármacos, controlados estrictamente en entornos clínicos, están siendo sustraídos y distribuidos ilegalmente, poniendo en riesgo la salud pública y la integridad de los profesionales de la salud.
Este caso ha generado alarma y debate sobre la seguridad y vigilancia en los hospitales, además de cuestionamientos sobre el uso indebido de medicamentos potentes en contextos no médicos.