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La tradicional 'Bolera desde 1976' cumple 50 años en Unicentro viendo pasar generaciones de bogotanos

Entrevista Exclusivo suscriptores La tradicional 'Bolera desde 1976' cumple 50 años en Unicentro viendo pasar generaciones de bogotanosSus pistas han sido testi...

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Foto: La voz del país

Entrevista Exclusivo suscriptores La tradicional 'Bolera desde 1976' cumple 50 años en Unicentro viendo pasar generaciones de bogotanosSus pistas han sido testigo de primeras citas, cumpleaños, pedidas de mano, torneos, reuniones y miles de historias que hoy son memoria de la ciudad.Desde 1976, La Bolera ha recibido a varias generaciones de bogotanos que hoy regresan acompañados por sus hijos y nietos para repetir una tradición familiar. Foto: Archivo particular La BoleraLink Carol MalaverSUBEDITORA DE BOGOTÁ 25.07.2026 22:36 Actualizado: 25.07.2026 22:36 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles Un abuelo toma la mano de su nieto antes de que lance por primera vez una bola de bolos. Le explica cómo sostenerla, le muestra dónde debe pararse y sonríe cuando los pines caen desordenados al otro lado de la pista. No es la primera vez que presencia esa escena. Hace varias décadas fue él quien aprendió allí, cuando apenas era un niño. Ahora regresa para repetir la historia con una nueva generación.Escenas como esa se repiten desde hace medio siglo en 'La Bolera desde 1976', uno de esos lugares que los bogotanos no necesitan ubicar en un mapa. Basta con mencionar sus 24 pistas en Unicentro para que aparezcan recuerdos de cumpleaños infantiles, tardes con amigos, competencias, primeras citas o reuniones familiares. Mientras la ciudad cambiaba a su alrededor, este lugar siguió recibiendo a quienes alguna vez llegaron de la mano de sus padres y hoy vuelven acompañados por sus hijos o sus nietos.La historia del caricaturista que ayudó en las labores de parto a una mujer cuyo bebé nació en medio de un trancón en Bogotá: 'Estaba en shock'.Su historia comenzó en 1976, el mismo año en que abrió sus puertas el Centro Comercial Unicentro. Los socios fundadores —quienes prefieren no revelar su identidad— adquirieron el terreno a don Pedro Gómez y decidieron construir una bolera cuando el bowling todavía era un deporte poco difundido en Bogotá.En aquella época únicamente funcionaban dos escenarios para practicarlo: la Bolera del Club Bolívar, con 36 pistas, y la Bolera San Francisco, que apenas contaba con seis. Levantar un establecimiento con 24 pistas dentro del nuevo centro comercial era una apuesta poco común para la ciudad.José María Cifuentes, arquitecto y uno de los impulsores del proyecto, viajó a Estados Unidos para conocer de cerca el funcionamiento del negocio y traer a Colombia el conocimiento técnico necesario para hacerlo realidad. Sin embargo, la construcción de las pistas tendría muy poco de industrial y mucho de trabajo artesanal. Todavía se conservaban los planos originales de aquella obra.Para instalarlas fue contratado un especialista procedente de Cali, quien trabajó junto con el instructor de carpintería del Sena, el señor Torres. La madera nacional llegaba en listones que primero debían secarse y recibir un tratamiento especial antes de poder ensamblarse.Las pistas no venían listas de fábrica. Se construían una por una dentro de la misma bolera. Los operarios armaban manualmente los tableros desde la mesa de pines hasta el approach, la zona desde donde cada jugador realiza el lanzamiento. Cada una estaba conformada por 39 listones de madera cuidadosamente ensamblados. El proceso tomó cerca de cuatro meses y exigió una precisión absoluta para que las superficies quedaran completamente niveladas. Después llegaron las máquinas AMF, encargadas de levantar automáticamente los pines. Su instalación también fue una tarea monumental.Las 24 pistas del establecimiento han sido escenario de torneos deportivos. Foto:Archivo particular La Bolera. Rubén Cruz, quien lideró tanto el montaje de las pistas como el de la maquinaria, dedicó prácticamente todo su tiempo a la obra. Quienes conocieron esa etapa recuerdan que pasó cerca de dos meses sin regresar a su casa, completamente concentrado en terminar los trabajos para que la bolera pudiera abrir sus puertas.Cuando finalmente fue inaugurada, en 1976, el lugar llamó la atención de una ciudad que apenas comenzaba a descubrir el bowling como una alternativa de recreación. Muy pronto dejó de ser únicamente un escenario deportivo para convertirse en un punto de encuentro donde cabían familias completas, grupos de amigos, parejas y compañeros de trabajo.Con el paso de los años también fue creciendo una comunidad de jugadores habituales. Muchos de los bolicheros que durante años frecuentaron la antigua bolera Club Bolívar encontraron allí una nueva casa para practicar el deporte, reunirse alrededor de un bar y mantener vivas las amistades que habían construido sobre las pistas.“Nos ha tocado ver pasar generaciones enteras de familias, de novios, de amigos y de empresas. Seguimos funcionando en el mismo lugar donde nacimos hace cincuenta años y eso habla de un sitio que aprendió a evolucionar sin perder su esencia”, dice Sara Cheque Romero, gerente general de La Bolera, quien lleva décadas vinculada al establecimiento.Sara Cheque, gerente general. Foto:Archivo particular Durante sus primeros años, el segundo piso también reflejaba la forma como se entendía el entretenimiento en aquella época. Allí funcionó una discoteca acompañada por mesas de billar, una combinación habitual durante los años setenta y ochenta. Con el tiempo, ese espacio fue ocupado por Pizza Nostra y posteriormente por un casino, mientras el primer piso seguía consolidándose como uno de los escenarios más reconocidos para jugar bolos en Bogotá.La transformación más importante llegó en 2001, cuando las tradicionales pistas de madera dieron paso a superficies sintéticas Brunswick, una modernización que permitió mejorar las condiciones de juego sin alterar la esencia del lugar.Una década después, en 2011, llegó una remodelación integral que cambió nuevamente la experiencia. La Bolera dejó de ser únicamente un sitio para jugar bolos e incorporó restaurante, bar y heladería bajo un concepto propio. El objetivo era que quienes llegaran no necesariamente tuvieran que lanzar una bola para disfrutar del lugar. “Queríamos ofrecer una experiencia completa. Que una familia pudiera venir a jugar, pero también a almorzar, celebrar un cumpleaños, reunirse con amigos o simplemente compartir un buen momento”, explica Sara Cheque.La apuesta funcionó. A las competencias deportivas comenzaron a sumarse torneos empresariales, vacaciones recreativas, reuniones familiares, celebraciones de cumpleaños y encuentros de amigos que encontraron en ese espacio mucho más que una cancha de bolos.Cinco décadas después de su inauguración, la mayor transformación quizá no está en las luces, en los pisos o en la tecnología de las pistas. Está en las historias que se han ido acumulando silenciosamente entre una partida y otra, hasta convertir a La Bolera en uno de esos lugares donde varias generaciones de bogotanos aprendieron que un juego también puede convertirse en un recuerdo para toda la vida.Parte del equipo de trabajo lleva más de dos décadas vinculado al establecimiento. Foto:Archivo particular La Bolera. Con el paso de los años, las historias dejaron de contarse únicamente con los marcadores electrónicos. Comenzaron a quedarse en la memoria de quienes regresaban una y otra vez al mismo lugar. Hay abuelos que señalan una pista mientras les cuentan a sus nietos que allí aprendieron a jugar cuando apenas iban al colegio. Padres que recuerdan las tardes de infancia y ahora celebran el cumpleaños de sus propios hijos en el mismo sitio. Jóvenes que volvieron convertidos en profesionales, con su pareja o con sus hijos, para reencontrarse con un lugar que nunca dejó de hacer parte de sus recuerdos. “Escuchamos con frecuencia personas que nos dicen: ‘Aquí tuve mi primera cita’ o ‘Mi papá me traía cuando era niño’. Otros cuentan que se escapaban del colegio para venir a jugar. Son historias que se repiten constantemente y que nos hacen entender que la bolera también ha acompañado la vida de la ciudad”, dice Sara Cheque.La gerente reconoce que han pasado por allí personajes de la política, la televisión y el deporte, pero asegura que las historias que más la conmueven son las de quienes regresan después de muchos años y descubren que el lugar sigue estando donde siempre estuvo. “Nos siguen acogiendo como un espacio para todos. Aquí vienen niños, jóvenes, adultos mayores, familias completas, empresas y grupos de amigos. Ese ha sido nuestro mayor logro: que cualquier persona sienta que este también es su lugar”, afirma.Esa cercanía con los visitantes ha permitido que, además de partidas de bolos, el establecimiento se convierta en escenario de momentos que terminan marcando la vida de muchas personas. Hace cerca de un año, por ejemplo, un joven llegó con una petición poco común. Quería pedirle matrimonio a su novia, pero buscaba un lugar distinto a los tradicionales. Le contó al equipo de La Bolera su idea y entre todos comenzaron a organizar la sorpresa.La pareja llegó convencida de que simplemente jugaría una partida de bolos. Mientras caminaban hacia la pista, el personal ya tenía preparado el momento. En medio del juego, las luces se apagaron, el DJ intervino desde la cabina y el joven, frente a la mirada de decenas de personas, se arrodilló con el anillo en la mano. “Ella no tenía idea de lo que iba a pasar. Él solo nos pidió ayuda porque quería hacer algo diferente. Coordinamos todo para sorprenderla y fue un momento muy bonito para todos los que estábamos aquí”, recuerda Sara Cheque.Visitantes de antaño de La Bolera desde 1976. Foto:Archivo particular La Bolera. No ha sido la única celebración poco convencional. Entre las 24 pistas también se han realizado fiestas de quince años, encuentros empresariales, competencias de alto nivel, reuniones familiares y cumpleaños infantiles que terminan reuniendo a varias generaciones alrededor de un mismo juego. “Cuando alguien nos propone una idea diferente, tratamos de ayudarle a hacerla realidad. Nos gusta que las personas sientan que aquí pueden construir recuerdos”, agrega.Quienes llevan décadas trabajando allí también son testigos privilegiados de ese paso del tiempo. Claudia Liliana Mendoza García, administradora de La Bolera, completa 26 años viendo cómo cambian los visitantes sin que cambie el afecto con el que regresan. Ha acompañado buena parte del proceso de modernización tecnológica y del crecimiento del negocio, pero asegura que lo más gratificante ocurre lejos de las remodelaciones. “Muchos niños que atendimos celebrando sus cumpleaños vuelven años después, ya universitarios, con su novia o incluso casados. Llegan preguntando por quienes todavía trabajamos aquí, nos saludan y nos agradecen por el cariño con el que fueron atendidos cuando eran pequeños. Eso emociona muchísimo porque demuestra que las personas no solo recuerdan el lugar, sino cómo las hicieron sentir”, cuenta.Para ella, ese vínculo explica por qué La Bolera terminó convirtiéndose en un referente del entretenimiento bogotano. “Son cincuenta años compartiendo experiencias con torneos empresariales, cumpleaños, competencias, vacaciones recreativas, reservas familiares y encuentros de amigos. Esa diversidad de público ha sido parte de nuestra historia desde el comienzo”.Diego Pulido también ha construido allí buena parte de su propia historia. Llegó hace once años como cajero. Con el tiempo fue ascendiendo hasta convertirse en coordinador de servicio y asumir responsabilidades administrativas. Su relato no habla únicamente de crecimiento profesional. También refleja el sentido de pertenencia que muchos trabajadores han desarrollado con el establecimiento. “Mucha gente nos cuenta que sus papás venían a jugar y que ellos los acompañaban siendo niños. Después comenzaron a jugar ellos mismos y terminaron enamorándose del deporte gracias a la bolera. Eso demuestra que este lugar ya hace parte de la historia de muchas familias bogotanas”, dice.Durante la pandemia, cuando las puertas permanecieron cerradas y el futuro era incierto para buena parte del sector del entretenimiento, ese sentido de comunidad adquirió un nuevo significado. “Casi sesenta familias dependemos de este trabajo. En ese momento sentimos el respaldo de los socios y de la gerencia. No nos soltaron de la mano y gracias a eso pudimos salir adelante. Es algo que nunca vamos a olvidar”, asegura Pulido. Historias como la suya también forman parte del aniversario.La celebraciónLejos de organizar una gran fiesta, la administración decidió que la celebración de los cincuenta años tendría otro significado. Una parte estará dedicada a realizar una donación a una fundación y otra a contar, a través de sus redes sociales, las historias de quienes han construido el lugar durante estas cinco décadas: trabajadores que llevan diez, quince, veinte y hasta treinta años recibiendo a los visitantes. “Queremos que el aniversario también sea un homenaje para ellos. Son quienes han estado aquí acompañando a las personas durante tantos años y quienes han hecho posible que la bolera siga siendo ese lugar al que la gente siempre quiere volver”, explica Sara Cheque.Quizá allí esté la explicación de por qué La Bolera ha logrado mantenerse vigente durante medio siglo.No se trata únicamente de las 24 pistas, de las máquinas que levantan los pines, del restaurante o de las remodelaciones que la han acompañado desde 1976.Su mayor patrimonio son las historias que cada día siguen entrando por la puerta principal: un niño que lanza por primera vez una bola, unos amigos que celebran un cumpleaños, una pareja que comienza su vida juntos, una familia que vuelve después de muchos años para recordar una tarde de infancia.Mientras los pines siguen cayendo al final de cada pista, Bogotá continúa escribiendo allí pequeños capítulos de su propia memoria. Y cincuenta años después, pocos lugares pueden decir que han acompañado con tanta discreción, y durante tanto tiempo, la vida de una ciudad.CAROL MALAVERSUBEDITORA BOGOTÁEscríbanos a carmal@eltiempo.com si usted sabe la historia de otro sitio emblemático de la ciudadLea también:Refuerzan la vigilancia por sarampión ante el regreso de viajeros internacionales del Mundial de Fútbol 2026: en Bogotá se han confirmado siete casosLos embalses El Neusa y El Hato abrirán sus aguas para actividades náuticas desde este domingoEl oscuro secreto del hotel La Rosa Dorada: la investigación que destapó un presunto centro de torturas en el Siete de Agosto Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. 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