Dos decisiones adoptadas en menos de doce horas terminaron por marcar el cierre de la política de ‘paz total’ del gobierno de Gustavo Petro. La primera, registrada en la mañana del miércoles, fue la reactivación de la orden de extradición contra Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo, máximo jefe del ‘clan del Golfo’. La segunda, horas después, fue la suspensión por parte del Consejo de Estado de la resolución que autorizó la mesa de diálogos con la ‘Segunda Marquetalia’. Ambas confirmaron lo que desde hacía meses advertían distintos sectores, incluso funcionarios del propio Gobierno: la estrategia llegó al final del cuatrienio sin cumplir el objetivo con el que fue concebida.
Un punto de fractura
El punto de partida de la ‘paz total’ quedó marcado el 31 de diciembre de 2022, cuando el presidente Gustavo Petro anunció un cese bilateral del fuego por seis meses con el Eln, la ‘Segunda Marquetalia’, el ‘Estado Mayor Central’, el ‘clan del Golfo’ y las ‘Autodefensas de la Sierra Nevada’. La medida buscaba abrir negociaciones paralelas con los principales actores armados.
Esa arquitectura comenzó a fracturarse con el paso de los meses. Las disidencias de las antiguas Farc dejaron de actuar como un solo bloque y dieron paso a nuevas estructuras enfrentadas entre sí, como las lideradas por alias Iván Mordisco y ‘Calarcá’, lo que obligó al Gobierno a rediseñar la estrategia inicial y abrir mesas de negociación independientes con organizaciones que originalmente hacían parte de una misma estructura, lo que aumentó la complejidad de los diálogos.
El impacto en la comunidad y el balance de la estrategia
Para Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), los cambios de rumbo reflejan las dificultades que enfrentó la estrategia. Aunque recuerda que el objetivo era conducir a las organizaciones armadas hacia desmovilizaciones colectivas, advierte que los procesos de paz en Colombia rara vez concluyen durante un solo gobierno, como ocurrió con el acuerdo con las Farc.
El balance de la estrategia divide a los analistas consultados por EL TIEMPO. Para algunos, la ‘paz total’ facilitó el fortalecimiento de las organizaciones armadas, que hoy reúnen más de 27.000 integrantes. Otros atribuyen esa expansión a la pérdida de control territorial, las economías ilícitas y el debilitamiento de la Fuerza Pública.
La ‘paz total’ sí fracasó como estrategia de paz porque no logró ningún acuerdo definitivo de fin del conflicto y hoy Colombia tiene más actores armados y más conflictos abiertos que en 2022.
Luis Trejos, profesor de la Universidad del Norte, sostiene que “la ‘paz total’ sí fracasó como estrategia de paz porque no logró ningún acuerdo definitivo de fin del conflicto y hoy Colombia tiene más actores armados y más conflictos abiertos que en 2022”. En esa línea, varios expertos consideran que los ceses del fuego facilitaron la consolidación territorial y el crecimiento de algunas estructuras ilegales.
Lo que viene
Durante la campaña presidencial, el presidente electo Abelardo de la Espriella anunció que dará un mes para que los grupos armados abandonen las armas. Para Eduardo Pizarro Leongómez, ese plazo es insuficiente: “Ocurrir esa dejación de las armas y la recuperación de la capacidad militar, policial y de inteligencia del Estado va a requerir mucho más de un mes”. Además, recuerda que el propio Gustavo Petro enfrentó dificultades tras anunciar que el Eln dejaría las armas poco después de iniciar las conversaciones.