El misterio de las medias en la cama
Hay personas que son capaces de quitarse toda la ropa para hacer aquello, pero dejan las medias puestas. Siempre me ha parecido una escena extraordinaria. El resto del cuerpo ya presentó renuncia al pudor, pero los tobillos siguen defendiendo una causa perdida.
No parece asunto de frío. Si lo fuera, también habría quien se dejara un saco de lana, la gorra o la bufanda. No. Lo de las medias pertenece a otra parte. O, mejor dicho, a otra habitación de la cabeza. Es una de esas costumbres que nadie explica porque todo el mundo está demasiado ocupado en lo que hace la planta baja como pensar en ellas.
Lo que los manuales no cuentan
Resulta curioso que se hayan escrito miles de páginas sobre la intimidad y casi ninguna sobre esos pequeños detalles que terminan contando la verdadera historia. Hay tratados sobre las ganas, sobre la química del cerebro, sobre la frecuencia, los tamaños, sobre la importancia de la comunicación y hasta sobre los efectos del ejercicio pélvico en la faena.
Pero nadie se ha tomado el trabajo de investigar por qué las medias sobreviven cuando todo lo demás desapareció. Y es una lástima, porque sospecho que ahí hay más psicología que en muchos manuales.
La intimidad no consiste en desvestirse por completo sino en descubrir que la otra persona ya vio eso que tanto preocupaba y, aun así, quiso quedarse.
Nadie se ha tomado el trabajo de investigar por qué las medias sobreviven cuando todo lo demás desapareció. Foto: iStock