La devastación causada por los terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 que golpearon el norte de Venezuela este miércoles, con apenas 39 segundos de diferencia, y que se prevé dejaron miles de víctimas mortales, revive una advertencia que expertos venían haciendo desde hace años: el país no estaba preparado para un sismo de esta magnitud.
Un cóctel de riesgos que se ignoró
Durante años, ingenieros, universidades y la propia Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) señalaron que el país reunía una combinación de factores que podía derivar en una tragedia: millones de personas viviendo en zonas de alta amenaza sísmica, miles de edificios construidos bajo normas antiguas y una infraestructura pública que requería reforzamientos urgentes.
No es que no supiéramos que esto podía pasar. Es que decidimos no hacer nada al respecto. Cada informe era una advertencia, pero la inversión nunca llegó.
Las recomendaciones que quedaron en el papel
- Actualización de los códigos de construcción sismorresistente, que databan de los años 80.
- Reforzamiento estructural de hospitales, escuelas y edificios gubernamentales en las zonas de mayor riesgo.
- Creación de un sistema de alerta temprana y simulacros masivos obligatorios en todo el país.
- Fortalecimiento de los cuerpos de rescate y protección civil con equipos y entrenamiento especializado.
Ninguna de estas recomendaciones fue implementada a gran escala. Los recortes presupuestarios y la crisis económica agravaron la situación, dejando a Venezuela expuesta a una catástrofe que, según los expertos, era cuestión de tiempo.