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La promesa de la pimienta y el desafío de dejar la coca en Putumayo

Una familia en Putumayo transformó su vida al cambiar la coca por la pimienta. Aunque el cultivo legal ofrece esperanza, persisten desafíos de mercado y seguridad.

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Foto: La voz del país

Carolina Cueltán preside una organización de cultivadoras de pimienta en Putumayo. Su padre, Frey Cueltán, decidió en el año 2000 abandonar la coca para buscar un futuro diferente para sus hijos. Veintiséis años después, Carolina lidera la Asociación Agropimentera del Valle del Guamuez (Asapiv), convenciendo a más familias de que es posible cambiar la coca por la pimienta, aunque el reto de la sostenibilidad persiste.

Un cambio forjado entre amenazas y desplazamientos

Frey Cueltán creció en una región donde la coca era la única alternativa económica. A principios de los 2000, la violencia y las fumigaciones con glifosato lo llevaron a cuestionar ese modelo. Como presidente de la junta de acción comunal, sus críticas le valieron amenazas y desplazamiento. Al regresar, participó en programas como Guardabosques y el Proyecto Adam, que exigían erradicación total de cultivos ilícitos. Fue entonces cuando conoció la pimienta, un cultivo que crece en condiciones similares a la coca y que sembró en 2005, prometiéndose no volver atrás.

El cultivo que exige paciencia y cuidado

Carolina Cueltán creció viendo la transformación de su padre. Hoy, como líder de Asapiv, representa a una generación que encontró en la pimienta una forma de permanecer en el territorio. El cultivo, un bejuco que crece aferrado a árboles tutores, requiere atención constante y moderación. "Es como criar hijos", dice Carolina. Las mujeres suelen desempeñar un papel central en la cosecha y el cuidado de las plantas, integrándose a sistemas productivos más amigables con el medioambiente. Asapiv ganó el premio Bibo 2021 por su aporte a la recuperación de los recursos naturales del piedemonte amazónico.

La sombra de la coca y la incertidumbre del mercado

A pesar de los avances, la pimienta aún no ofrece la certeza económica para que muchos campesinos abandonen la coca. En varias fincas, ambos cultivos conviven: la pimienta como apuesta de largo plazo y la coca como seguro frente a la incertidumbre. En 2015, el precio de la pimienta se desplomó de $25.000 a $5.000 por kilogramo, lo que llevó a muchos productores a regresar a los cultivos ilícitos. Putumayo sigue siendo uno de los principales territorios cocaleros del país, con 20.000 hectáreas de coca en 2022, un 13% más que el año anterior.

Iniciativas para un futuro sostenible

Los productores depositan sus expectativas en iniciativas como Sabores de Paz, una estrategia del Gobierno que busca comercializar bajo una misma marca productos de sustitución, como café, cacao y pimienta. Gloria Miranda, directora de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, explica que no se trata solo de entregar proyectos productivos, sino de asegurar su sostenibilidad. Sin embargo, el gobierno de Gustavo Petro solo ha reportado 7.000 hectáreas sustituidas de las 30.000 prometidas, en medio de la descertificación de EE. UU. a Colombia en la lucha contra el narcotráfico.

"Nosotros estamos concientizando a la gente de que hay que cambiar ese chip de que es la coca, la coca y la coca. No es fácil", concluye Carolina Cueltán, quien creció entre cultivos de coca y hoy lidera procesos productivos legales.

La voz del país

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