Porcelanas chinas, loza industrial inglesa y cerámicas muiscas convivieron todo el tiempo con ‘sayayines’, jefes de temidas bandas de narcotráfico y sicarios, aunque estos últimos nunca lo supieron. Más de 110.000 piezas arqueológicas estuvieron bajo los pies de estos peligrosos criminales que controlaban el Bronx, considerado el principal epicentro del crimen organizado en Colombia.
Un hallazgo que transforma la memoria del centro de Bogotá
Estos vestigios han permitido reconstruir la historia de la ciudad al tiempo que se remodela, bajo una apuesta integral, este deprimido sector. El hallazgo, documentado por el equipo de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (FUGA), incluye objetos que datan de distintas épocas, evidenciando la estratificación social y cultural que siempre ha caracterizado a la capital colombiana.
El contraste entre la violencia y la historia
Mientras en la superficie operaban bandas dedicadas al narcotráfico y la sicariato, bajo tierra yacían silenciosamente piezas que narran el comercio global del siglo XIX, la vida cotidiana de los antiguos pobladores muiscas y la influencia de potencias europeas en la región. La convivencia de estos objetos con el crimen organizado es un recordatorio de las múltiples capas de la realidad bogotana.
Estos hallazgos no solo enriquecen el patrimonio arqueológico de Bogotá, sino que también ofrecen una oportunidad única para resignificar un espacio que durante años fue sinónimo de miedo y violencia.