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Luis Díaz: el unicornio que no pudo cargar a Colombia en el Mundial

Colombia tiene a Luis Díaz, un talento generacional, pero el Mundial 2026 demostró que el fútbol no se gana con unicornios. La columna de Jenny Gámez reflexiona sobre la necesidad de un equipo, no de una estrella.

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Foto: La voz del país

Terminan las vacaciones para las grandes estrellas del fútbol mundial y, mientras algunos especulan con el Balón de Oro y otras vanidades, para Colombia llega la hora de un aterrizaje forzoso. La temporada 2026-2027 está a punto de comenzar y Luis Fernando Díaz Marulanda, uno de los mejores extremos del momento, vuelve a la acción con el Bayern Múnich tras una primera campaña arrolladora en Alemania, en la que barrió con todos los títulos que disputó. Este nuevo año debe ser el de la consolidación, pero también el de una lección dolorosa que dejó el reciente Mundial.

El gris Mundial de Luis Díaz y la lección para Colombia

Atrás quedará su gris Mundial 2026, del que aún no se han conocido todos los secretos. Y aquí hay una primera gran lección para Colombia: nunca, en 100 años de historia de este deporte, un campeón mundial se coronó por cuenta de la virtud de un solo jugador. Maradona, Pelé, Messi y todos los demás en el intermedio tuvieron un equipo que supo rodearlos, que tuvo cracks de perfil mediano pero influencia decisiva en todas las posiciones, que encumbró a su líder sobre la base de aquello que suena tan cliché pero acaba siendo tan determinante: una familia.

El técnico campeón del mundo, Luis de la Fuente, decía antes de que España eliminara a Francia, la gran favorita, que el problema del equipo de Deschamps era que al intentar bloquear a Mbappé se soltaba Olise, que al taparlo a él aparecía Dembélé, que al bloquear al Balón de Oro encontraban espacio los número 9, que al final había tanto trabajo que el arco francés parecía a una distancia sideral. Y fue así con todos los que llegaron de cuartos de final hacia adelante: tenían tantos happy problems que multiplicaban las preocupaciones y dificultaban la planeación.

La predecible Colombia y la falta de un equipo alrededor de la estrella

Colombia, en cambio, se hizo tan predecible que bastó con escalarle la marca al número 7 para anular a un equipo prometedor. Ni el recuerdo de James, las escaramuzas de Quintero, el nerviosismo de Suárez, el empeño de Muñoz, el sacrificio de Dávinson Sánchez o Lucumí alcanzaron para hacerle sombra a un jugador de élite como Díaz. Están todos, juntos e incluso sumados los prometedores Durán, Villarreal, Perea, Barrera, Asprilla, Puerta, Rengifo y hasta Samuel Martínez, a un millón de años luz. Tenemos un unicornio y creímos que rodearlo de buenos tipos era suficiente. Y no.

Tenemos un unicornio y creímos que rodearlo de buenos tipos era suficiente. Y no.

El dolor es que se perdió una oportunidad para acercar a los que, en un mundo ideal, deberían reemplazar a los del ciclo cumplido, empezando por el capitán. No hay superestrellas, es cierto, pero es lo que hay y debería ser el punto de partida de una necesaria refundación. Lástima. Difícil ilusionarse con dosis de la misma medicina.

La voz del país

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