La apreciación del peso suele presentarse como una buena noticia: abarata los bienes importados, reduce el valor en pesos de las obligaciones en dólares y ayuda a moderar la inflación. Sin embargo, sus beneficios pueden no ser suficientes para resolver las presiones actuales sobre los precios y, además, puede tener efectos negativos considerables sobre el aparato productivo nacional.
Un fenómeno que supera al dólar débil
En lo corrido de 2026 –hasta el 24 de julio–, el peso colombiano se apreció 15,2 %, por encima del real brasileño, el peso mexicano, el peso chileno y el sol peruano. Este comportamiento no responde única ni principalmente a la debilidad internacional del dólar. El elevado diferencial en favor de la tasa de interés colombiana frente a las internacionales, las expectativas de reducción del déficit fiscal que atraerían capitales y el apetito por la deuda pública colombiana que remunera elevadamente también han favorecido la entrada de capitales y fortalecido la moneda.
El impacto limitado en los precios
La transmisión de la apreciación cambiaria a la inflación es parcial y ocurre con rezagos. Mientras algunos bienes importados se abaratan, otros costos internos, como los servicios y los alimentos perecederos, siguen presionando al alza. Además, la caída del dólar no siempre se traduce en menores precios al consumidor, pues los importadores pueden absorber los márgenes o enfrentar costos logísticos que compensan la ventaja cambiaria.
El costo oculto para la producción nacional
Más allá de la inflación, la fortaleza del peso golpea la competitividad de los exportadores y de la industria local que compite con importaciones. Un peso caro encarece los productos colombianos en el exterior y abarata las mercancías foráneas en el mercado interno, lo que puede traducirse en pérdida de empleos y en un menor dinamismo del aparato productivo. Este efecto negativo, aunque menos visible, es crucial para el crecimiento sostenible.
La apreciación del peso no es una solución mágica; sus beneficios antiinflacionarios son limitados y sus costos sobre la producción nacional pueden ser profundos.