El silencio pesado en la sala de audiencias de la JEP reflejó la carga emocional de dos décadas de dolor y búsqueda de justicia por la masacre ocurrida el 21 de febrero de 2005 en las veredas Mulatos Medios y La Resbalosa, en Apartadó. Ocho personas, incluidos tres niños, fueron asesinadas en un acto violento perpetrado por paramilitares con la supuesta complicidad de miembros del Ejército Nacional.
Este 23 de abril, la justicia transicional propició un encuentro histórico entre Nélida Guerra, hermana de una de las víctimas y representante de la Fundación Forjando Futuros, y Orlando Espinosa Beltrán, capitán de la Brigada XVII en ese momento, quien asumió responsabilidad por los hechos.
El peso de una verdad incompleta
Nélida Guerra expresó que, aunque el reconocimiento por parte de los militares es un avance, la verdad revelada sigue siendo parcial y no consuela el profundo sufrimiento de las familias. La ausencia de detalles cruciales, como las últimas palabras de los niños y líderes asesinados, dificulta cerrar el ciclo del duelo.
"Ellos dicen que no tienen palabras para justificar cómo les quitaron la vida a menores de edad"
La negativa o incapacidad de los comparecientes para narrar el momento final de las víctimas genera una brecha en el proceso de reparación y mantiene abierta la herida en la comunidad.
El capitán Orlando Espinosa y la carga de la memoria
Desde el estrado, el capitán Espinosa reconoció la responsabilidad moral del Ejército en la masacre, manifestando vergüenza y tristeza por los hechos y por la traición a la confianza de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, que eligió la neutralidad en el conflicto.
"Siento vergüenza, tristeza y una profunda responsabilidad"
El oficial pidió perdón no solo por las acciones directas sino también por los silencios y omisiones que permitieron que la violencia se desatara, aunque su ofrecimiento de perdón se enfrenta al escrutinio de las víctimas y magistrados, quienes exigen que este acto sea el inicio de una entrega total de información sobre los vínculos entre la Fuerza Pública y grupos paramilitares en Urabá.
Este encuentro en la JEP refleja un paso significativo en la búsqueda de verdad y justicia, aunque el camino hacia la reparación integral y el reconocimiento completo de responsabilidades sigue siendo desafiante para la sociedad colombiana.