Una receta ganadora que llevó la cocina otomí a París
En 2022, Luisa Anaya Pérez conquistó el concurso nacional ¿A qué sabe la patria? con su conejo horneado relleno de flores silvestres, preparado con técnicas ancestrales y fuego de leña. Su triunfo la llevó a representar a México en el festival gastronómico ¡Qué Gusto! en París, donde presentó un menú tradicional de Hidalgo que incluyó ingredientes como escamoles, chinicuiles y xoconostle.
Cocineras que preservan el sabor y la identidad del valle del Mezquital
En el parque natural Ra Domzaa, cerca de Santiago de Anaya, 15 mujeres mantienen viva la cultura culinaria del pueblo hñähñu (otomí). Con maíz, chiles, quelites, maguey y otros productos nativos, estas cocineras utilizan herramientas tradicionales como el metate y el comal, y técnicas como la cocina al humo para preparar insectos comestibles, plantas silvestres y carnes locales, fortaleciendo la memoria cultural y la biodiversidad regional.
Yael Pérez, por ejemplo, comenzó a pastorear a los cinco años y se ha convertido en una reconocida cocinera tradicional que ha logrado transformar su oficio en un motor económico para su familia, permitiendo que su hija estudie ingeniería química industrial.
La cocina tradicional como motor social y cultural en Hidalgo
Ofelia y Roberta Monroy, originarias de Lomas de Guillén, relatan cómo la cocina les ha enseñado el valor del legado ancestral y les ha brindado independencia económica en un entorno antes marcado por la escasez y las restricciones sociales. Claudia Hernández Ángeles, con más de 40 años de experiencia y múltiples premios, ha roto paradigmas machistas y difundido la gastronomía otomí en México y el extranjero.
Mariela Gutiérrez, hija de Claudia, destaca el cambio social que ha traído el oficio para las mujeres de la región, quienes ahora son reconocidas y valoradas dentro y fuera de sus comunidades.
Saberes ancestrales que inspiran a nuevas generaciones
Estela Anaya Pérez, que aprendió a cocinar desde niña, resalta la importancia de compartir estas tradiciones para evitar su pérdida. Su cocina natural y fresca contrasta con las comidas procesadas, y sus platos, como el mole rojo y el pozole, son una muestra del patrimonio vivo que estas mujeres transmiten con orgullo.
El trabajo de estas cocineras no solo rescata recetas y técnicas, sino que también fortalece la identidad hñähñu, promueve la cohesión social y contribuye a la economía local mediante el turismo gastronómico y la venta de productos tradicionales.