La lucha diaria en un corregimiento marcado por la guerra
El Plateado, ubicado en el cañón del río Micay en el Cauca, es un territorio azotado por más de 200 ataques armados y enfrentamientos entre grupos ilegales y el Ejército. Sus 12.000 habitantes viven bajo la constante amenaza de explosiones y disparos, mientras la pobreza y la falta de servicios básicos como agua potable y tratamiento sanitario agravan la crisis.
Ónier Sotelo: un campesino que canta en medio del conflicto
Ónier Sotelo Camilo, de 58 años, es uno de los pocos que se identifica por su nombre en El Plateado. Desde niño ha enfrentado la adversidad tras la muerte de su padre y una infancia marcada por el hambre y el trabajo duro. A pesar de todo, encuentra en la música una forma de resistir y transmitir un mensaje de esperanza y respeto.
"A mí me dicen que estoy loco porque digo que vivo feliz, pero lo hago porque respeto a los demás, trabajo por mi familia y vivo de la tierra que me da un plato de comida."
Ónier aprendió a tocar guitarra con una vieja pieza que le regalaron y desde pequeño entona canciones de amor y paz, incluso en medio de los bombardeos y enfrentamientos que sacuden su comunidad. Su música refleja el anhelo de un mundo más justo y lleno de alegría.
Cultivos ilícitos y grupos armados disputan el territorio
El Plateado y el cañón del Micay concentran cerca del 75 % de los cultivos de coca en la región, lo que atrae la presencia de disidencias de las Farc, el ELN y otros grupos armados que luchan por el control del territorio. Esta disputa alimenta la violencia y dificulta la vida cotidiana de los campesinos.
A pesar de la economía ilícita, Ónier siembra fríjol, plátano y maíz para sobrevivir y rechaza la guerra que ha dejado a muchos desplazados y heridos. Su esperanza se sostiene en el respeto mutuo y la fe en un futuro mejor.
¿Podrá la música y la comunidad superar la violencia en El Plateado?
Con cada canción, Ónier Sotelo desafía el miedo y la desesperanza que domina su pueblo. Sin embargo, la paz en El Plateado depende de soluciones que vayan más allá de la resistencia individual, enfrentando las causas profundas del conflicto y garantizando derechos básicos para sus habitantes.
Mientras tanto, el campesino sigue caminando por las calles de barro, guitarra en mano, sembrando notas de amor y paz en medio de un territorio que clama por un cambio urgente.