El fútbol colombiano vuelve a vivir la misma paradoja de siempre: un país que se cree potencia mundial con un solo jugador élite, pero que en cada mercado de fichajes demuestra que es un destino de segunda. Los clubes locales, en lugar de atraer talento en ascenso, se conforman con jugadores en declive o que buscan un último respiro. La ilusión de los hinchas se desvanece cuando ven que los refuerzos no llegan a potenciar, sino a 'salvar sus carreras'.
Extranjeros que llegan a retirarse, no a brillar
El caso de Atlético Nacional es emblemático: cambió a un Ospina cerca del retiro por un Armani de 39 años que viene a hacer lo mismo. Junior, bicampeón de Liga, solo fichó a un delantero de 33 años que necesitó más de un año para rendir. El DIM, que prometía, perdió a 12 jugadores y apostó por un Varela que ya pasó por 5 países sin convencer, o un Martegani que llevaba más de un año sin jugar. Millonarios no se salva: trajo a un arquero de 35 años y a un brasileño que estaba sin equipo.
No eligen a Colombia, se conforman, que no es lo mismo.
Los colombianos que vuelven en modo rescate
Los fichajes nacionales tampoco invitan a la ilusión. Andrés Reyes vuelve a Nacional tras no contar en la MLS; Ian Poveda, una vida deambulando, encuentra en Inter Bogotá una oportunidad; Juan José Córdoba busca redención en el DIM; Daniel Ruiz no pegó ni en Brasil ni en Rusia, pero vuelve a Millonarios; Francisco Chaverra es la incertidumbre con 5 equipos a sus 26 años; Emerson Rivaldo, sin jugar hace tiempo, es la apuesta de Santa Fe; Carlos Bacca llegó de terco al Cali; y Juan Fernando Quintero, de desesperado al Medellín, que no supo rechazarlo pese a su historial.
- Andrés Reyes: vuelve a Nacional tras no destacar en la MLS.
- Ian Poveda: una vida deambulando, ahora en Inter Bogotá.
- Daniel Ruiz: no triunfó en Brasil ni Rusia, regresa a Millonarios.
- Carlos Bacca: llega al Cali a sus 36 años, más por terquedad que por proyección.
- Juan Fernando Quintero: desesperado al Medellín, con un historial de salidas complicadas.
Luis Quiñones no desentona en América, pero ya tiene 36 años. Solo Estupiñán promete en Millos, aunque hay que ver cuánto le pesa la presión. Es una golondrina, incapaz de hacer verano. El panorama es desolador: el fútbol colombiano sigue siendo un mercado de ilusiones, donde la esperanza se compra barata y se vende cara.