En las veredas de San Vicente de Chucurí, Santander, el cacao es mucho más que un cultivo; es una tradición que se hereda de generación en generación. La familia Rincón Santamaría, representada por Adela Santamaría y su hijo Juan Carlos Rincón, ha logrado llevar esa tradición a un nivel internacional, obteniendo la medalla de plata en el Cacao of Excellence, un certamen que reconoce los mejores cacaos del mundo.
Desde pequeño, Juan Carlos escuchaba a su padre repetir que San Vicente de Chucurí produce el mejor cacao del mundo, una frase que tomó como convicción y que lo motivó a profundizar en el cultivo con enfoque científico y técnico. Aunque estudió ingeniería eléctrica y vivió en la ciudad, su corazón y pasión lo llevaron de regreso a la finca familiar para innovar en la producción del cacao.
A diferencia de su madre Adela, quien veía el cacao como sustento diario, Juan Carlos se dedicó a estudiar minuciosamente cada mazorca y pepa, evaluando colores y sabores para mejorar la calidad del producto. Este trabajo detallado y su constante aprendizaje en catación y estándares internacionales le permitieron competir exitosamente en concursos nacionales e internacionales.
Juan Carlos comprendió que para competir en las grandes ligas no bastaba con el amor por la tierra, sino que era necesario aplicar técnicas rigurosas y mantener una mente fría. Participó en paneles de catación nacionales con apoyo suizo, montó un taller de chocolatería para explorar el sabor y la textura del chocolate, y adaptó sus procesos para cumplir con los exigentes criterios del Cacao of Excellence.
Finalmente, en una convocatoria preparada con dedicación y experiencia, envió muestras que destacaron ante los jurados internacionales, logrando una medalla de plata que posiciona a Colombia y a San Vicente de Chucurí en la élite mundial del cacao fino. Esta historia es un ejemplo de cómo la mezcla de tradición, innovación y perseverancia puede transformar la realidad de una región y su gente.
“San Vicente de Chucurí produce el mejor cacao del mundo”, una frase que se convirtió en la semilla del éxito para Juan Carlos Rincón y su familia.