La economía de Venezuela no muestra señales de mejora. La inflación anualizada, la más alta del mundo, alcanza un promedio del 600%, mientras que el bolívar pierde valor constantemente frente al dólar, con una devaluación superior al 9.000% desde 2022.
Aunque hubo una flexibilización de sanciones por parte de Estados Unidos para favorecer la extracción petrolera, los ingresos adicionales no han sido suficientes para cerrar la brecha cambiaria entre el mercado oficial y el paralelo, que impacta directamente en la formación de precios.
“Estamos exigiendo un derecho humano básico, una obligación constitucional del gobierno: la mejora general de las condiciones de vida de la población”, afirma Gregorio Alfonso, miembro de la Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela.
Las protestas en Caracas reflejan el malestar generalizado por la crisis económica, la desigualdad social y la falta de aumentos salariales reales. Comerciantes y trabajadores enfrentan días difíciles con ventas lentas y precios que cambian rápidamente debido a la volatilidad del bolívar.
- Salario mínimo oficial: 160 bolívares, equivalente a unos pocos centavos de dólar.
- Bonos complementarios promedio: 180 dólares mensuales (no afectan beneficios sociales).
- Ingreso promedio de un obrero privado: 350 dólares mensuales.
- Técnicos especializados ganan cerca de 500 dólares mensuales.
- Gerentes pueden alcanzar hasta 1,200 dólares mensuales.
El sector privado, afectado por expropiaciones y sanciones, ofrece incrementos salariales ocasionales y reparto de utilidades, pero la mayoría de los trabajadores debe asumir múltiples empleos para sostenerse. Un viaje modesto al supermercado cuesta alrededor de 200 dólares quincenales.
Víctor Álvarez, economista, señala que la tutela de Estados Unidos limita la autonomía en la política económica venezolana y que los ingresos petroleros están condicionados para financiar compras estadounidenses, restringiendo las políticas de desarrollo social.
La expectativa de un aumento salarial crece entre la población, especialmente con un aumento previsto de la producción petrolera del 25% y precios internacionales al alza. Sin embargo, la actividad económica sigue paralizada y el déficit fiscal alcanza el 9% del PIB.
Venezuela, que fue la quinta economía más grande de América Latina, perdió el 75% de su PIB entre 2014 y 2020 debido a la crisis política, la mala gestión del gobierno y las sanciones internacionales. Desde 2022, la recuperación es lenta e insuficiente, con economistas esperando un crecimiento de dos dígitos para 2026.
En las calles, comerciantes, trabajadores y empresarios mantienen la esperanza de una reactivación económica, aunque reconocen que la situación actual es de gran paralización y dificultades para invertir y crecer.