Bienestar

El encierro voluntario de los adolescentes: ¿qué es el síndrome de Hikikomori?

El síndrome de Hikikomori, caracterizado por un aislamiento social severo y voluntario, afecta principalmente a adolescentes y adultos jóvenes. Conoce sus causas, señales y el rol de la familia.

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Foto: La voz del país

Un aislamiento social, severo y extremo que suele darse en adolescentes o en adultos jóvenes. Así define el síndrome de Hikikomori la profesora del Máster en Intervención Psicológica en Niños y Adolescentes de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Miriam Rodríguez Menchón.

¿Trastorno o malestar? El debate continúa

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) no lo contempla como un trastorno, aunque varios especialistas abogan por incluirlo. Rodríguez Menchón aclara que no es un trastorno depresivo ni obsesivo-compulsivo, sino una forma de expresar malestar psicológico. El joven decide aislarse voluntariamente en casa, rompiendo el contacto con el mundo exterior, abandonando estudios o trabajo.

Posibles orígenes: malas experiencias y vulnerabilidades

Algunos investigadores sitúan el origen en malas experiencias sociales o escolares, mientras que otros lo vinculan con trastornos como ansiedad social severa o depresión. Los afectados suelen ser varones con baja tolerancia al estrés, baja autoestima y poca habilidad para resolver conflictos.

Pandemia y tecnología: factores que agravan el aislamiento

Dos acontecimientos han contribuido a la expansión del síndrome: la pandemia, que normalizó el confinamiento, y las nuevas tecnologías. Aunque el celular no es la causa principal, sí ayuda a mantener el aislamiento, al suplir carencias emocionales con interacciones virtuales. El riesgo es que el encierro puede durar años y llevar a perder oportunidades laborales.

Parece que se suplen carencias emocionales y de vínculo con esta interacción virtual con otras personas que están jugando en línea. Se obtiene así la gratificación que otras personas obtenemos de la interacción social real.

Señales de alerta para las familias

El aislamiento es progresivo. Los padres deben estar atentos si el adolescente comienza a quedarse en su cuarto los fines de semana, muestra problemas de integración o deja de asistir a clase. Un patrón clave es la alteración de los ritmos circadianos: se acuesta cada vez más tarde y duerme durante el día.

  • No sobreproteger ni presionar para que retome su vida de inmediato.
  • Acompañar de manera progresiva en actividades fuera de casa.
  • Fomentar la confianza en sí mismo poco a poco.
  • Buscar ayuda profesional de salud mental.

El papel del profesional: psicoeducación y reinserción gradual

El trabajo profesional incluye psicoeducación a padres y al joven, para evitar la culpa y encontrar un equilibrio entre sobreprotección y presión. Se recomienda un trabajo individual para reforzar la autoestima y las habilidades sociales, seguido de talleres grupales y la paulatina realización de tareas en el exterior. La higiene del sueño también es clave.

Ante todo, procurar cortar cuanto antes el aislamiento en la habitación, dado que cuanto más prolongado sea, más complicado resultará salir de él.

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