Mientras el costo de vida continúa presionando el bolsillo de los colombianos, en el corazón de Medellín sobrevive una tradición que parece detenida en el tiempo: el corrientazo a precios insuperables.
En zonas donde un almuerzo ejecutivo puede costar entre $12.000 y $15.000, algunos restaurantes ofrecen alternativas accesibles por apenas $2.000 o $3.000. Estos menús incluyen platos completos, sopa y bebida, garantizando una comida caliente para quienes más lo necesitan.
Esta práctica no solo representa un alivio económico para los comensales, sino que también mantiene viva una tradición alimentaria que fortalece el tejido social en la capital antioqueña.
“Estos corrientazos significan mucho para quienes buscan una opción nutritiva y económica sin sacrificar calidad”, comenta un cliente habitual.