Armas y drogas ocultas en habitaciones diminutas del centro
En un pequeño cuarto de menos de dos metros cuadrados en el barrio Santa Fe, autoridades encontraron un arma de fuego, municiones y un arma traumática escondidas entre ropa amontonada. Estas armas, según fuentes oficiales, se usaban para imponer el control en actividades ilegales como el tráfico de drogas, hurtos y extorsiones. A solo 13 kilómetros de allí, en María Paz (Kennedy), en la basura de otro pagadiario apareció una libra de marihuana que su dueño intentó ocultar, pero fue capturado durante un operativo.
Pagadiarios se consolidan como centros temporales para el crimen
Estos alojamientos temporales, ubicados en viejas casonas del centro y otros sectores con alta movilidad, son rentados sin necesidad de documentos ni referencias. Con precios que pueden bajar hasta 15.000 pesos por noche, se han convertido en espacios ideales para personas que buscan pasar desapercibidas. Las bandas criminales los usan para almacenar drogas y armas, alquilando habitaciones por semanas o meses para acopiar y distribuir estupefacientes.
“Cuando se calienta el sitio, se cambia de ‘pagadiario’. Le dicen ‘cajas’ a esas habitaciones y a quienes entran y sacan la droga les llaman ‘aviones’”, explicó una fuente consultada por EL TIEMPO.
Operativos recientes cierran cuatro pagadiarios por irregularidades
Tras un atentado con granada en Santa Fe, la Policía Metropolitana y la Secretaría de Seguridad realizaron tres intervenciones en puntos críticos: Santa Fe, La Favorita y María Paz. Como resultado, cerraron cuatro pagadiarios por hallar armas, drogas y falta de documentación legal para su funcionamiento. El secretario de Seguridad, César Restrepo, indicó que estos espacios habían permitido el fortalecimiento de actividades criminales y que se requieren procedimientos claros para su control.
El Distrito impulsa estrategias para mejorar la situación de los usuarios
Más allá de los operativos, la Secretaría de Integración Social ha visitado 73 pagadiarios y caracterizado a casi mil personas para facilitar su acceso a servicios sociales y mejorar sus condiciones de vida. Según Roberto Angulo, secretario de Integración Social, aunque estas personas no son pobres monetarios, viven en condiciones más precarias que otros habitantes de la ciudad. La estrategia busca identificar estos espacios y brindar apoyo institucional para romper el ciclo de informalidad y vulnerabilidad.
Las localidades con mayor presencia de pagadiarios incluyen Teusaquillo, Chapinero, Barrios Unidos, Puente Aranda, Tunjuelito, Engativá, Suba y Fontibón, además de las zonas céntricas de Santa Fe, La Candelaria y Los Mártires.
¿Cómo evolucionará el control sobre los pagadiarios en Bogotá?
Con las recientes intervenciones y la estrategia social en marcha, las autoridades buscan desarticular las redes criminales que usan estos espacios como refugio. Sin embargo, la informalidad y la demanda de alojamientos económicos representan un desafío constante. El futuro del control de los pagadiarios dependerá de la capacidad del Distrito para combinar operativos efectivos con programas sociales que atiendan las causas estructurales de esta problemática.