Noticia Así se entrena un piloto: la experiencia de volar un Airbus A320 en un simulador de Latam AirlinesEsta es una crónica de un vuelo simulado en un espacio especializado en formación aeronáutica para pilotos y tripulaciones.Este simulador representa la última tecnología para pilotos. Foto: Samuel RosalesLink Samuel Amisadai Rosales Rosales25.05.2026 10:52 Actualizado: 25.05.2026 10:52 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles ¿Alguna vez se ha preguntado cómo se preparan los pilotos antes de tomar el control de un avión comercial? Para responder esa pregunta, Latam Airlines invitó a EL TIEMPO a recorrer las instalaciones del Centro de Estudios Aeronáuticos (CEA), un espacio especializado en formación aeronáutica para pilotos y tripulaciones. Allí, entre aulas técnicas y simuladores de última generación, se encuentra uno de los equipos más impresionantes del centro: el CAE 7000 XR Series, un simulador de vuelo avaluado en cerca de 10 millones de dólares.Para cada tipo de avión hay un simulador diferente. Foto:Samuel Rosales El simulador reproduce con exactitud la cabina de mando de un Airbus A320, uno de los aviones comerciales más utilizados del mundo para vuelos de corta y media distancia. Cada interruptor, pantalla, alarma, sonido y movimiento está diseñado para replicar la experiencia real de volar una aeronave.Durante la demostración, el instructor Álvaro Andrés Caicedo, subgerente de flota Airbus A320 en Latam y parte de la jefatura de pilotos, explicó el procedimiento de alistamiento, preparación y despegue de una aeronave. Después de la introducción lanzó una pregunta inesperada: “¿Quién quiere pilotar el avión?”.Acepté.Desde el primer momento, el simulador logró borrar la línea entre lo real y lo artificial. La cabina vibraba, los motores rugían y cada movimiento del sistema hidráulico se sentía auténtico.Mis manos sudaban.Al sentarme frente a los controles entendí, aunque fuera por unos minutos, el nivel de responsabilidad que recae sobre un piloto. Ajustarme el arnés no fue sencillo; estaba nervioso y mis manos temblaban. Frente a mí se extendía una representación digital del mundo: cualquier aeropuerto, cualquier pista de aterrizaje podía ser simulada.“Usted va a pilotar el avión y yo le voy a dar instrucciones”, dijo el instructor.En ese instante solo pensé: ¿por qué acepté?Todos los controles estaban en inglés. A mi lado izquierdo había una palanca similar a un joystick; en mis pies, unos pedales extremadamente sensibles que controlaban la dirección del avión durante el rodaje y el aterrizaje. Por un momento pensé que era como jugar un videojuego, pero la sensación desapareció rápidamente. Esto era mucho más serio.Caicedo me indicó aumentar la potencia de los motores.Aceleré.El avión comenzó a desplazarse por la pista y la velocidad aumentó rápidamente hasta acercarse a los 300 kilómetros por hora. Cuando alcanzamos la velocidad adecuada, levanté la nariz del avión y empezamos a ascender. En ese momento el simulador también se elevó, replicando exactamente la sensación física de un despegue real.Mi cerebro no encontraba diferencias entre el simulador y un avión verdadero.Ascendimos hasta los 12.000 pies de altura. Poco después llegó otro reto: girar la aeronave. Moví suavemente la palanca, pero el instructor me pidió inclinar más el avión para completar el viraje. Lo hice con miedo.A través de las ventanas de la cabina aparecieron varios puntos reconocibles del paisaje colombiano: la Torre Colpatria, Monserrate, el valle del Magdalena e incluso, a lo lejos, el Nevado del Ruiz.Sin embargo, la parte más difícil aún estaba por llegar.El instructor anunció que realizaríamos un aterrizaje nocturno con niebla y usando piloto automático.Quedé perplejo.Frente a cada piloto hay un panel que permite configurar velocidad, altitud y rumbo. Según explicó Caicedo, un avión puede programarse para volar prácticamente solo hasta su destino, siempre y cuando las condiciones lo permitan.Entonces planteó un escenario de emergencia.“Supongamos que el piloto murió y ahora usted tiene que aterrizar el avión mientras recibe instrucciones por teléfono”.La situación hacía parte del entrenamiento.Mientras me guiaba paso a paso, el instructor insistía en la importancia de estar preparados para cualquier emergencia. Redujimos velocidad, configuramos altitud y ajustamos el rumbo. El avión empezó a descender automáticamente hacia Bogotá.No se veía nada.La niebla era tan espesa que las ventanas parecían completamente blancas. Bajé el tren de aterrizaje y activé los flaps, unas superficies móviles ubicadas en las alas que ayudan a disminuir la velocidad durante el aterrizaje.Seguíamos descendiendo.Solo hasta el último momento aparecieron las luces de la pista.Entonces llegó la tensión final.Había que controlar la potencia de los motores para evitar que el avión volviera a elevarse al tocar tierra. El impacto contra la pista se sintió real. Jalé rápidamente la palanca de frenado mientras intentaba mantener la dirección con los pedales.Me pegué al asiento.Pensé que no quería salirnos de la pista.Finalmente, el avión se detuvo.Estábamos a salvo.Sentí que se me bajaba la presión. Nunca había pilotado un avión, ni siquiera en un simulador. Pero la experiencia dejó claro algo: detrás de cada vuelo comercial existe un entrenamiento constante y altamente exigente.Al finalizar la práctica, Caicedo explicó cuánto tiempo necesita un piloto antes de poder operar un avión comercial.“Un piloto que inicia como copiloto debe llegar con una licencia comercial, para la que se requieren aproximadamente 200 horas de vuelo. Luego pasa por unas 40 o 50 horas de simulador y después empieza a volar acompañado por un instructor”, explicó.Con el tiempo, los copilotos acumulan experiencia hasta alcanzar entre 3.500 y 4.000 horas de vuelo, momento en el que pueden aspirar a convertirse en capitanes. LEA TAMBIÉN Los cruceros ganan terreno como una de las tendencias turísticas de mayor crecimiento a nivel globalAngie Rodríguez Bernal