En 2025, Bogotá registró una reducción en varios delitos de alto impacto: el homicidio cayó un 3,4%, el hurto a personas disminuyó un 5,4%, el hurto a comercio bajó un 32,8%, el hurto de automotores se redujo un 22,7% y la extorsión descendió un 20,5%. Sin embargo, el panorama general muestra un aumento en fenómenos que alteran la convivencia, como las lesiones personales que crecieron un 10,2% y la violencia intrafamiliar que subió un 11,5%.
La violencia se traslada a los entornos cotidianos
El informe de ProBogotá Región destaca que la violencia urbana en Bogotá está mutando, alejándose del crimen organizado y el hurto en espacios públicos para manifestarse en conflictos cotidianos dentro de hogares y disputas interpersonales. Muchos homicidios están relacionados con riñas espontáneas y consumo de alcohol, evidenciando un cambio estructural en la inseguridad que requiere un abordaje social, institucional y cultural más allá de la acción policial.
Desafíos institucionales y percepción ciudadana
Aunque la demanda por seguridad aumenta, las capacidades institucionales para responder son limitadas. La baja efectividad del sistema judicial, la falta de coordinación interinstitucional y las brechas territoriales dificultan la respuesta estatal. Además, el deterioro del entorno urbano —como mala iluminación, acumulación de basura y vandalismo— alimenta la sensación de inseguridad. La confianza en las instituciones también está en declive, pues el 48% de las víctimas no denuncia por considerar los procesos inútiles.
Una hoja de ruta para enfrentar la nueva inseguridad
- Fortalecer la coordinación entre Nación y Distrito.
- Mejorar la asignación territorial del pie de fuerza policial.
- Robustecer el sistema judicial para mayor efectividad.
- Intervenir el entorno urbano para reducir factores que habilitan el delito.
- Gestionar integralmente la convivencia ciudadana.
- Impulsar estrategias de prevención social focalizada.
- Utilizar datos e inteligencia para anticipar riesgos y mejorar la toma de decisiones.
Expertos y autoridades coinciden en que este diagnóstico obliga a ampliar el debate público sobre seguridad, enfatizando la justicia efectiva y el castigo a quienes delinquen, así como la importancia de análisis técnicos para definir prioridades y fortalecer las instituciones.
El informe evidencia retos importantes para contener fenómenos criminales en crecimiento y mejorar la percepción de inseguridad en Bogotá.
En conclusión, Bogotá no solo enfrenta una fluctuación en las cifras de delitos, sino una transformación compleja de la inseguridad, con una coexistencia de avances en delitos tradicionales y un aumento en violencias relacionadas con la convivencia y el entorno urbano, que requieren reformas estructurales para preservar la seguridad y la calidad de vida en la ciudad.