La tensión en el estadio Atanasio Girardot es máxima y obligó a que el partido entre Deportivo Independiente Medellín contra Flamengo, por la fecha 4 del Grupo A de la Copa Libertadores, se suspendiera inicialmente y luego se cancelara por el mal comportamiento de los hinchas y la falta de seguridad en medio de una situación delicada.
Un minuto de juego antes de la suspensión
El balón alcanzó a rodar en Medellín, pero fue detenido rápidamente. Desde la tribuna norte del estadio empezaron a lanzar bengalas, bombas de estruendo y trataron de ingresar a la fuerza al verde campo en modo de protesta por la reciente eliminación en la Liga BetPlay y el descontento con el máximo accionista Raúl Giraldo.
Jesús Valenzuela, árbitro venezolano encargado del partido, detuvo las acciones y mandó a los jugadores y planteles de Independiente Medellín y del Flamengo a los vestuarios por falta de seguridad y garantías para el desarrollo del juego. Por protocolo, el árbitro central tiene la potestad de suspender el encuentro durante 20 minutos para que el ambiente caldeado se calmara, pero desde el arco norte, lugar donde estaba el guardameta argentino Agustín Rossi, antes de la pausa obligada, seguían lanzando pirotecnia e insultos contra los jugadores y directivos.
Las consecuencias para el Poderoso
Cabe destacar que para el encuentro se reforzó la seguridad con nueve anillos para evitar el ingreso de pólvora, situación que no logró evitarse. Tampoco permitieron la entrada para menores de 14 años en un ambiente tenso desde antes de que rodara el balón.
Por lo sucedido con su afición, el Poderoso se expone a severas sanciones por parte de la Conmebol, que no deja pasar por alto situaciones que dañen el espectáculo por el mal comportamiento de los hinchas en sus competencias.