China acaba de presentar su XV Plan Quinquenal, que establece las prioridades económicas, industriales y tecnológicas para el periodo 2026-2030. En un contexto de crecientes tensiones geopolíticas y desafíos globales, el país identifica amenazas como el proteccionismo y el hegemonismo, principalmente de Estados Unidos, pero parte de una posición sólida como líder en sectores clave y centro manufacturero global.
El plan destaca la necesidad de impulsar un salto tecnológico que permita a China dejar atrás su rol tradicional como fábrica de bajo valor agregado. Para ello, se enfoca en innovar en áreas como inteligencia artificial, robótica, biomedicina, nuevos materiales, computación cuántica y comunicaciones 6G, promoviendo además la automatización y eficiencia en todos los sectores productivos.
Frente a las restricciones impuestas por la guerra tecnológica con Estados Unidos, China apuesta por la autosuficiencia desarrollando su propio hardware y software, creando una red nacional que optimice la capacidad digital y evite cuellos de botella en el procesamiento de datos.
Por primera vez, el Plan Quinquenal integra el clima y la energía como un capítulo estratégico. China se compromete a reducir emisiones por unidad de PIB en un 17 % para 2030 y aumentar la participación de energías no fósiles al 25 % del consumo total, mediante una electrificación masiva y el desarrollo de fuentes renovables y nucleares, complementadas con sistemas de almacenamiento energético.
No obstante, el país mantiene la industria del carbón como respaldo para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico y proteger empleos en regiones mineras, buscando evitar crisis sociales derivadas de cortes de suministro.
El plan también identifica un desequilibrio estructural en el consumo interno, que representa apenas el 13 % del consumo global a pesar de la gran población. Para corregirlo, propone regular la capacidad productiva, fomentar fusiones empresariales y aumentar los ingresos y la protección social para estimular la demanda interna.
En el ámbito internacional, China redefine su estrategia: ya no solo busca integrarse al sistema global, sino configurarlo. La Nueva Ruta de la Seda se amplía para incluir tecnología, financiación y sistemas de gestión chinos, fortaleciendo su influencia económica y tecnológica en países receptores.
Como actor global, China se presenta como defensor del sur global y promotor de un orden multipolar, utilizando plataformas como los Brics y la Organización de Cooperación de Shanghái para aumentar su liderazgo. Además, impulsa su poder blando a través de la cultura y la industria creativa para proyectar una imagen respetable y creíble.
El nuevo plan quinquenal busca consolidar a China como una gran potencia tecnológica, autosuficiente y global, con la finalidad de ocupar posiciones centrales en las cadenas de valor y aumentar su influencia en la economía mundial.
A pesar de estos avances, el mayor desafío interno sigue siendo la transformación del modelo económico para impulsar el consumo y realizar reformas profundas en salarios, redistribución y estado de bienestar, aspectos que el país ha postergado durante décadas.