En pleno corazón de Bogotá, entre el bullicio de la Carrera Séptima, un quiosco de ventas ambulantes se ha convertido en un punto de encuentro para los amantes del ajedrez. Su protagonista, Adolfo Páez, un vendedor informal de 62 años, ha logrado fusionar su sustento diario con la pasión por este deporte mental, transformando su espacio de trabajo en una verdadera escuela de estrategia y concentración.
Desde hace 18 años, Adolfo atiende su puesto y, entre venta y venta, comparte sus conocimientos ajedrecísticos con clientes y transeúntes. Su labor no solo se limita a ofrecer productos, sino que se ha convertido en un referente cultural en la zona, demostrando que la informalidad también puede ser un escenario para la educación y la construcción de comunidad.
Un apoyo institucional que transforma vidas
Adolfo es beneficiario de un puesto de venta ambulante otorgado por el Instituto para la Economía Social (IPES), una entidad distrital que busca reducir la informalidad y dignificar el trabajo en el espacio público. Gracias a esta iniciativa, el vendedor ha podido mantener su sustento y, al mismo tiempo, ofrecer un servicio gratuito de enseñanza que ha impactado a decenas de personas.
- Adolfo Páez tiene 62 años y es vendedor informal en el centro de Bogotá.
- Lleva 18 años enseñando ajedrez en su quiosco de la Carrera Séptima.
- Es beneficiario del IPES, que le otorgó un puesto de venta ambulante.
- Su iniciativa combina el comercio con la educación y la cultura.
El ajedrez no solo es un juego, es una herramienta para pensar mejor y tomar decisiones en la vida. Aquí, en mi quiosco, todos son bienvenidos a aprender.
La jornada de Adolfo comienza a las nueve de la mañana, cuando abre su puesto y prepara el tablero para quienes deseen iniciarse en el juego. Su historia es un ejemplo de resiliencia y creatividad, y demuestra que el espacio público puede ser un lugar de encuentro y aprendizaje para todos.