En el golfo de Tribugá, a 25 minutos en lancha desde la cabecera municipal de Nuquí, se encuentra Coquí, un corregimiento que destaca por su apuesta al turismo de naturaleza sostenible y comunitario. Construido al borde de un manglar, este destino busca ofrecer una experiencia diferente frente a otros puntos turísticos del Chocó como Ladrilleros o Bahía Solano.
Coquí no solo cautiva con sus playas y el avistamiento de ballenas, sino también con su riqueza cultural expresada en experiencias culinarias, hospedajes sostenibles y la transmisión de saberes ancestrales de sus comunidades.
“La cocina es para quien le gusta; a quien no, simplemente no le sale. A mí me encanta”, afirma Cruz María Martínez, conocida como Mamá Cruz, una de las principales portadoras de la tradición gastronómica local, que aprendió de su madre y hoy enseña a visitantes sobre el uso de ingredientes como pescado, coco, plátano y yuca.
Con más de 70 años viviendo en Coquí, Mamá Cruz ha sido testigo de la transformación de la comunidad, que se ha organizado para liderar actividades como jornadas de limpieza y el Festival Gastronómico Siembra Negro Pacífico, que resalta las culturas ancestrales y la labor de las matronas.
Aunque la llegada de viajeros ha sido limitada debido a la falta de promoción, Coquí empieza a ganar visibilidad como un destino que combina biodiversidad y cultura, con un enfoque claro en el turismo responsable y sostenible, donde los visitantes conviven con los locales y comparten saberes.
Entre las iniciativas concretas destacan los talleres de cocina liderados por Mamá Cruz, la iniciativa Cocinas Vivas de Coquí que fortalece la transmisión gastronómica cada tres meses, y el trabajo de jóvenes como Niconto Moreno, quienes se dedican a preservar y transmitir las tradiciones a las nuevas generaciones.
Además de la gastronomía, el turismo comunitario en Coquí incluye la música tradicional, baños con plantas medicinales y recorridos por manglares donde los visitantes aprenden sobre prácticas como la recolección de piangua y el cuidado ambiental.
La protección ambiental es fundamental para la comunidad. Ovidio Asprilla, guardián del manglar durante más de 35 años, destaca cómo los ancestros protegieron el territorio y cómo las nuevas generaciones continúan esa labor, manteniendo 472 hectáreas de manglar protegidas que permiten conservar el ecosistema y respirar aire puro.
“El turismo que llega a Coquí se ha mantenido sano y la apuesta es conservar ese equilibrio”, afirma Niconto Moreno, resaltando el intercambio de saberes que se genera entre visitantes y comunidad, apoyado por capacitaciones de la Fundación Natura.
Con playas, ríos, termales, manglares, cascadas, biodiversidad y una oferta gastronómica única, Coquí invita a colombianos y extranjeros a visitarla con respeto y apertura para sumergirse en sus tradiciones y contribuir al desarrollo sostenible de esta joya del Pacífico colombiano.