Hasta el último día de su mandato, Gustavo Petro mantuvo un discurso polarizador y de confrontación con la institucionalidad, un rasgo que definió su gestión y que lo distingue como el presidente que más ha puesto a prueba el principio de cooperación armónica consagrado en la Constitución en las últimas tres décadas y media.
Un cuatrienio de tensiones sin precedentes
La relación del gobierno Petro con el Congreso, las altas cortes, el Banco de la República y hasta la Registraduría estuvo marcada por la pugnacidad. El mandatario no dudó en desafiar abiertamente las decisiones de estos órganos, generando un ambiente de constante roce institucional.
- Choques reiterados con la Corte Constitucional por fallos que limitaban sus reformas.
- Tensiones con el Congreso por la tramitación de proyectos clave y la falta de mayorías.
- Enfrentamientos públicos con el Banco de la República por la política monetaria y la inflación.
- Cuestionamientos a la Registraduría por procesos electorales y transparencia.
Ningún mandatario en los últimos 35 años había puesto tan a prueba el principio de la cooperación armónica consagrado en la Constitución.
Este estilo de gobierno no solo marcó la agenda política del cuatrienio, sino que dejó un legado de polarización y desconfianza que el nuevo gobierno deberá enfrentar. La historia de Colombia registrará a Petro como un líder que apostó por desinstitucionalizar, en lugar de fortalecer los canales de diálogo y respeto entre los poderes del Estado.