Desde este miércoles, los nuevos precios de referencia para la venta al público de combustibles comenzaron a regir en Colombia, en medio de una expectativa generada por el aumento en los precios internacionales del petróleo, impulsados por el conflicto en Medio Oriente.
Aunque se anunció un incremento promedio de $375 en la gasolina, esta medida ha generado inquietudes sobre la sostenibilidad financiera del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Fepc), que ha sido un reto constante para las finanzas públicas del país.
“El Gobierno debe revertir cuanto antes, sin importar que faltan dos meses para las elecciones, la reducción del precio de los combustibles: gasolina y diésel.”
Así lo afirmó Jorge Restrepo, profesor de economía de la Universidad Javeriana, quien advierte que mantener precios bajos podría desajustar aún más las cuentas públicas y afectar la estabilidad económica.
Este debate surge luego de dos rebajas consecutivas en febrero y marzo que sumaron $1.000 al alivio para los consumidores, pero que ahora podrían estar generando un desbalance en el sistema de subsidios y estabilización de precios.
El aumento moderado busca equilibrar el impacto en el bolsillo de los colombianos mientras se enfrenta la volatilidad global, pero expertos y sectores económicos llaman a evaluar si esta medida es suficiente para evitar futuros desequilibrios.