Análisis Exclusivo suscriptores Del conflicto al turismo: tres territorios de Colombia que buscan cambiar un estigma históricoCaquetá, Vichada y Mesetas le apuestan al turismo comunitario como una forma de transformar su economía y romper con los estigmas del conflicto.Rutas turísticas en Caquetá. Foto: CortesíaLink Angie Tatiana Rodríguez BernalPERIODISTA13.03.2026 09:58 Actualizado: 13.03.2026 09:58 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles Ubicado en la zona de transición de la cordillera de los Andes hacia el sistema amazónico, el departamento de Caquetá fue durante muchos años un lugar ideal para la confrontación armada. Allí, grupos guerrilleros, paramilitares y organizaciones dedicadas a actividades ilícitas encontraron un territorio propicio para su accionar.Las noticias que sonaban en los principales medios de comunicación giraban alrededor de ataques, aumento de la violencia y desplazamiento de su población. Hoy, aunque en mucha menor medida, las noticias negativas aún resuenan. Sin embargo, desde las comunidades locales la apuesta es que los colombianos conozcan más sobre la poco explorada ‘puerta de entrada a la Amazonía colombiana’.Cada vez más turistas —principalmente quienes se sienten atraídos por actividades de ecoturismo y experiencias de naturaleza guiadas por habitantes locales, como el avistamiento de aves— se animan a descubrir esta región del país.Si Blaismir González Quiñones, integrante de la mesa departamental de turismo del Caquetá, tuviera que señalar los mayores retos con los que se han encontrado no solo como representante del sector, sino también como emprendedor, el primero sería la percepción que tienen quienes nunca han visitado su territorio.Rutas turísticas de río en Caquetá. Foto:Blaismir González Quiñones “Somos considerados uno de los departamentos con logo rojo de Colombia, pero toda la apuesta al sector que se ha venido haciendo desde el año pasado con el VII Encuentro Acotur —un espacio dedicado al turismo sostenible y de naturaleza, cuya sede en 2025 fue Caquetá— atrajo a empresarios para que vieran la historia que aún no se ha contado”, asegura.González relata que desde hace tres años su labor se ha enfocado en aumentar la visibilidad del departamento para demostrar que es un territorio de paz y futuro. Si bien el turismo aún está en desarrollo, las autoridades locales, junto con las comunidades, trabajan en fortalecer la infraestructura y promover un modelo basado en conservación, turismo de naturaleza y desarrollo local.González explica que la oferta turística se divide en cuatro grandes líneas: el centro, la ruta norte, la ruta sur y la ancestral. Esta última se sitúa en los municipios de Solano y Milán, donde está el Parque Nacional Chiribiquete, que alberga una de las mayores galerías de arte rupestre del mundo.Dentro de las experiencias que se pueden encontrar están las de aventura, gracias a sus cuerpos de agua, como ríos y cascadas; caminatas en atractivos como la Cueva de Colores, que está en la Reserva Las Palmas, a 12 kilómetros de Florencia, la capital departamental.“En la actualidad tenemos más de 70 actividades para hacer en los nueve municipios que están sobre la cordillera oriental, teniendo como epicentro Florencia. Sin embargo, otro desafío que tenemos es que el mismo local conozca las bondades de su territorio para que se pueda seguir haciendo turismo local”, explica González.Uno de esos emprendimientos es el de Diana María Avendaño, fundadora y gerente general de Caquetá for You, quien nació en Doncello. Vivió hasta los 16 años en el departamento y en 2023, luego de haber recorrido varias partes del mundo, como Italia o Nueva Zelanda, decidió regresar a su territorio.Víctima de la violencia y habiendo crecido en un ambiente que ella describe como de zozobra, Avendaño actualmente ofrece experiencias de bienestar en las que combina su profesión como psicóloga con la naturaleza que abunda en el Caquetá. Su enfoque es desde la responsabilidad social corporativa, lo que implica involucrar a la comunidad y al medio ambiente no solo en su discurso, sino principalmente en la práctica.“La guerra deja muchas heridas en lo individual y colectivo, pero aun así los caqueteños somos personas muy amables, directas y, como buenos calentanos, bailamos muy bien. Hay cosas muy lindas aún por mostrar”, afirma.La gastronomía tampoco se queda atrás, con aromáticas preparadas a partir de plantas amazónicas, proyectos que elaboran yogur griego, cultivos de champiñones o chorizos locales empacados al vacío.“Si bien es un territorio que ha tenido muchas carencias, el turismo tiene que llegar como una fuerza transformadora, pero no puede ser una bonanza más porque si no vamos a dañar la naturaleza. Si pensamos el turismo como algo masivo, vamos a destruir su biodiversidad. (...) A aquellos que les gusta la aventura, el rafting, el rápel o el torrentismo, Caquetá es un lugar que ofrece experiencias de forma segura con agencias de viajes que cuentan con Registro Nacional de Turismo y están legalmente constituidas”, concluye Avendaño.Otros territorios que buscan romper el estigmaCaquetá no es el único departamento que lucha contra ese estigma. Muchos más en Colombia le han apostado al turismo como motor de desarrollo para las comunidades y la economía local.Entre ellos está el Vichada, cuya capital es Puerto Carreño y que se ubica al este del país, en las regiones de la Orinoquía y la Amazonía.Según Natalia Hernández, profesional universitaria de la Gobernación del Vichada, este departamento tradicionalmente no ha sido muy unido en sectores como el turístico. Sin embargo, admite que hoy existen procesos que buscan que regiones como Santa Rosalía y Puerto Carreño trabajen en conjunto para fortalecer sus iniciativas.Hernández resalta una publicación titulada ‘De la coca al cacao’. “Nuestros indígenas eran explotados para que rasparan coca en sus asentamientos”, recuerda. Sin embargo, ahora la apuesta es incluirlos en la oferta turística y que ellos mismos estén al frente de estas iniciativas.De hecho, el etnoturismo destaca con comunidades indígenas como los Sikuani, Piapoco y Amorúa, que comparten sus tradiciones, gastronomía y artesanías. Destinos como la Selva de Matavén y Casuarito ofrecen experiencias sostenibles y recorridos fluviales por el río Orinoco.Otros atractivos son el Parque Nacional Natural El Tuparro, uno de los parques más importantes de Latinoamérica, donde se pueden encontrar animales como tigrillos, además de eventos como El Cachicamo de Oro o el Reinado del Curito, que muestran la tradición del departamento.El río Orinoco y sus sabanas hacen que destaquen actividades como el avistamiento de fauna, la pesca deportiva y el contacto con la cultura indígena. Si bien es un destino emergente, Hernández ve con optimismo el futuro de esta industria.Arbey Barrios, por su parte, hace parte de la Corporación Juvenil Camaxagua enfocada en promover el turismo en Mesetas (Meta). Con un portafolio llamado ‘Mesetas biodiverso’, su misión es promocionar el municipio situado al norte del Parque Nacional Natural Sierra de La Macarena.Mesetas es reconocido por su riqueza natural y paisajes de la región del Ariari. Foto:Arbey Barrios Barrios, aunque se muestra muy orgulloso de su territorio, confiesa que eliminar el estigma de territorios que fueron afectados por el conflicto es difícil.“Hoy en día los viajeros aún desconfían un poco de esos lugares porque piensan que son muy inseguros. Sin embargo, con el voz a voz cada vez más nos visitan, no solo desde Bogotá, sino también desde otros países”, afirma.El vocero menciona que, como su oferta se basa en el turismo comunitario, la alimentación es preparada por madres cabeza de hogar que están en proceso de sustitución de cultivos de uso ilícito, personas firmantes del Acuerdo de Paz y víctimas del conflicto armado.“Esto ha permitido dinamizar la economía a través del turismo. Ellos ofrecen productos agrícolas: quesos, lácteos o café”, agrega.Barrios menciona que aún es necesario mejorar las condiciones y capacitar a los locales porque, según señala, hay un déficit de guías profesionales de turismo. A pesar de esto, se muestra optimista y considera que van por buen camino.Según Barrios, el portafolio incluye 11 experiencias. Entre ellas está hacer rafting en el río Güejar, una actividad que se desarrolla a lo largo de 17 kilómetros y que permite conocer cascadas y cuevas.También hay actividades en zonas urbanas que implican adentrarse en la historia de Mesetas, probar productos a base de café y cacao, hacer avistamiento de guácharos —un ave emblemática del país— o vivir experiencias con comunidades indígenas relacionadas con medicina ancestral y muestras culturales.Mesetas, municipio del sur del Meta, rodeado de montañas y reconocido por su biodiversidad. Foto:Arbey Barrios. El reto del turismo internoEl estigma también va de la mano con un fenómeno que expertos han denominado una recesión del turismo interno en Colombia.Los resultados de la Encuesta de Gasto Interno en Turismo (EGIT) confirman la tendencia a la baja. En 2024, en las 24 ciudades y áreas metropolitanas analizadas, solo el 11,3 por ciento de las personas de 10 años y más realizó turismo interno y/o excursionismo. Esto significó una caída de 3,3 puntos porcentuales frente a 2023 (14,6 por ciento).La principal razón para no viajar fue la falta de tiempo, con una variación de 13,2 por ciento, seguida por factores económicos, que superaron el 12 por ciento.“El turismo interno no está en recesión porque a los colombianos no les guste el país, sino porque Colombia no se está vendiendo bien a sí misma y eso es más grave de lo que parece. Cuando un país no tiene una estrategia doméstica basada en datos, el viaje interno termina compitiendo contra lo más fácil, que es quedarse en la ciudad o hacer planes cortos”, explicó Gilberto Salcedo, expresidente de la Asociación del Transporte Aéreo en Colombia y exvicepresidente de Turismo de ProColombia, hace unos meses a El Tiempo.El experto también resaltó la falta de una estrategia de promoción doméstica fuerte y sostenida en el tiempo, con un liderazgo claro.“Sin inteligencia de mercado, sin información y sin segmentación, la promoción se vuelve genérica, y se hacen campañas nacionales terminan hablándole a todo el mundo sin necesariamente motivarlos a viajar”, añadió.A esto también se suma el factor económico. Acceder a estos destinos aún sigue siendo costoso y, en muchos casos, un privilegio. La conectividad aérea es limitada y los gastos de la canasta familiar pesan en las decisiones de ocio como los viajes.Lo cierto es que desde las comunidades el optimismo es alto. Y, si bien aún hay mucho trabajo por hacer para garantizar mejores condiciones, son las comunidades quienes tienen todo el interés de que el turismo se convierta en uno de sus principales motores económicos.ANGIE RODRÍGUEZ - PERIODISTA DE VIAJAR - @ANGS0614ANGROD@ELTIEMPO.COM Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles Conforme a los criterios de Saber más Temas relacionadosViajarDestinos nacionalesExclusivo suscriptores SugerenciasBOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.Registrate