Cerca de las 11 de la noche del lunes 4 de mayo, el tiempo pareció detenerse para nueve familias que, con el paso de las horas, vieron desvanecer la esperanza de encontrar con vida a sus seres queridos tras una explosión a 600 metros de profundidad. Los trabajadores habían quedado atrapados en la mina La Ciscuda, ubicada a unos 35 minutos del municipio de Sutatausa, mientras cumplían con una jornada más bajo tierra, en ese oficio duro y silencioso que durante años ha sostenido a tantas familias.
Un reporte preliminar que generó confusión
En medio de la incertidumbre inicial, un reporte preliminar indicó que 15 mineros estaban atrapados. Minutos después, seis lograron salir, aferrándose a la vida en medio de la tragedia. Ellos fueron trasladados de urgencia al Hospital El Salvador de Ubaté, donde, según el subgerente científico, Vily Alejandro Huérfano, ingresaron por intoxicación. Uno de ellos, debido a la gravedad de su estado, tuvo que ser remitido a la Fundación Santa Fe, en Bogotá.
El drama de las familias en el hospital
En el Hospital de Ubaté se concentraron este martes, 5 de mayo, familiares y compañeros de mineros que quedaron atrapados en un socavón de carbón. Entre el dolor y la incertidumbre, los allegados de Crisanto Balanta relataron que el minero estaba a punto de cumplir su tiempo para pensionarse, un sueño que quedó sepultado bajo los escombros.
Él ya había cumplido su ciclo, solo le faltaba poquito para pensionarse. Era un hombre trabajador, dedicado a su familia. Esto es muy duro para todos nosotros.
La explosión ocurrió en la mina La Ciscuda, a unos 35 minutos del casco urbano de Sutatausa. Las autoridades investigan las causas del siniestro, mientras los cuerpos de rescate continúan con las labores en el lugar.