El cierre del estrecho de Ormuz, un punto estratégico para el comercio mundial, está provocando un impacto económico global que va mucho más allá del petróleo y el gas natural. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha reducido en un 95% el tránsito de embarcaciones, afectando el suministro de derivados del petróleo, fertilizantes, aluminio, helio y nafta, productos esenciales para múltiples industrias y la agricultura.
Impacto en las cadenas de suministro y la producción global
Antes de la crisis, cinco millones de barriles de derivados petrolíferos cruzaban diariamente Ormuz. Ahora, el flujo se ha reducido drásticamente, afectando el 19% de los productos refinados de petróleo, el 13% de los productos químicos y el 2% del grano seco consumidos mundialmente. Países como India, China y los del sudeste asiático enfrentan severas restricciones, mientras que Estados Unidos y Europa experimentan impactos diversos en sus costos y producción.
- Disminución del suministro de fertilizantes, vitales para cultivos como maíz, arroz y trigo, afectando países desde Sudán hasta Australia y España.
- Aumento significativo en el precio de combustibles para aviones y barcos, con una subida en billetes aéreos estimada entre 8% y 9%.
- Reducción en la producción de gas natural licuado y nafta en Qatar, impactando la fabricación de plásticos, envases, materiales de construcción y electrodomésticos en Asia.
- Escasez de helio, fundamental para la fabricación de chips tecnológicos, lo que genera incertidumbre para gigantes como Nvidia, Microsoft y Apple.
- Incremento en los precios del aluminio y el carbón, materiales esenciales para la industria y la construcción.
“La verdadera vulnerabilidad son los derivados, no el crudo”, afirma Felipe Elink Schuurman, experto en materias primas, señalando que esta crisis afecta profundamente las cadenas globales de suministro.
La interrupción prolongada podría desencadenar un aumento en los costos de producción y distribución que repercutirán en productos cotidianos, desde alimentos hasta dispositivos tecnológicos. Aunque la operación militar estadounidense busca una pronta resolución, la incertidumbre persiste y sus efectos podrían extenderse, afectando incluso el precio de productos tan comunes como una botella de agua o el último modelo de teléfono inteligente.