Si durante la pandemia los consumidores aprendieron a comprar distinto y en los años posteriores buscaron equilibrar bienestar y presupuesto, en 2026 parece haber surgido una nueva etapa: la del consumidor que vive pendiente de resolver las necesidades del presente.
La presión del costo de vida, el encarecimiento de algunos servicios, la incertidumbre económica y la dificultad para ahorrar están llevando a millones de hogares a replantear la forma en que gastan su dinero. Sin embargo, lejos de desaparecer, el consumo sigue activo. Lo que cambió fue la manera de consumir.
Casi la mitad de las personas en Sudamérica tiene dinero solo para cubrir gastos esenciales
Un consumidor más racional y enfocado en el presente
Los estudios indican que las decisiones de compra ahora son más racionales: se privilegian salud, autocuidado y los beneficios inmediatos. Los hogares colombianos no han dejado de gastar, pero han ajustado sus prioridades frente a un entorno económico incierto.
Este cambio de comportamiento responde a tres fuerzas principales: el aumento en el costo de vida, la dificultad para generar ahorros y la búsqueda de bienestar sin descuidar el presupuesto. Los consumidores buscan productos y servicios que ofrezcan valor inmediato, sin comprometer su salud o calidad de vida.