Bienestar

La edad como frontera social: ¿por qué la mayoría de amigos son de nuestra generación?

La edad suele ser un factor determinante en la formación de amistades, pero expertos destacan que las relaciones intergeneracionales ofrecen aprendizajes valiosos y vínculos significativos que superan las barreras generacionales.

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Foto: La voz del país

En la construcción de amistades, tendemos a conectar con personas que comparten características similares, como la edad, lo que crea grupos homogéneos desde la infancia hasta la adultez. Sin embargo, las relaciones entre personas de diferentes generaciones pueden ofrecer una riqueza única en experiencias y aprendizajes.

“La edad no determina la calidad del vínculo ni la manera en la que se produce”, explica la psicóloga Beatriz Ruiz.

Mariano Sánchez, sociólogo y director de la cátedra Macrosad de Estudios Intergeneracionales de la Universidad de Granada, señala que el sistema educativo fomenta la socialización entre personas de la misma edad, consolidando la edad cronológica como frontera social. Aunque esta barrera se ha debilitado, aún persiste en gran medida.

Además de la edad cronológica, existen otros tipos de edad como la subjetiva, social, normativa o profesional, que influyen en cómo las personas se identifican y relacionan, destacando que cada individuo posee múltiples edades simultáneamente.

“Somos multigeneracionales”, afirma Sánchez, resaltando la complejidad de las identidades intergeneracionales.

Desde la psicología, la necesidad de identificación impulsa la formación de grupos por edad, género o profesión, lo que genera seguridad y confianza. Sin embargo, romper estas categorías, como en las amistades intergeneracionales, puede ser inicialmente extraño pero enriquecedor.

Beatriz Ruiz destaca que las amistades entre generaciones diferentes permiten una retroalimentación positiva: personas mayores aportan experiencia y aprendizajes, mientras que las generaciones jóvenes ofrecen nuevas formas de comunicación y perspectivas.

El entorno laboral, a diferencia del escolar o familiar, ofrece mayores oportunidades para que surjan amistades entre personas de edades dispares, fortaleciendo vínculos complementarios.

Un ejemplo real es la amistad entre Mariano Sánchez y un catedrático emérito con 43 años de diferencia, basada en sueños y proyectos compartidos, que trasciende las diferencias generacionales tradicionales.

Un estudio publicado en 2025 muestra que, aunque persisten estereotipos, las interacciones intergeneracionales en universidades combinan conversaciones laborales y personales, y la mayoría está abierta a formar nuevas relaciones con personas de diferentes generaciones.

La psicóloga Ruiz concluye que la base de cualquier amistad, independientemente de la edad, es la reciprocidad y la intención sana hacia el otro, mientras que la edad puede influir en la forma de comunicarse pero no en la calidad del vínculo.

“La edad no determina la calidad del vínculo ni la manera en la que se produce”, reafirma Beatriz Ruiz.

La voz del país

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