Medellín enfrenta una de sus temporadas de lluvias más desafiantes, con desbordamientos en laderas y quebradas que alertan sobre la vulnerabilidad de la ciudad frente a eventos hidrometeorológicos intensos.
El docente Luis Javier Montoya, de la Universidad de Medellín, señala que el problema no radica solo en la cantidad de agua caída, sino en la alteración del entorno natural causada por la expansión urbana acelerada, la reducción de cauces y la impermeabilización del suelo.
Impacto de la urbanización en el drenaje natural
La ciudad ha ido disminuyendo el tamaño de sus cauces naturales y dejando menos espacios para que el agua se evacue, lo que reduce la capacidad hidráulica del sistema y agrava las inundaciones.
La sustitución de zonas verdes por asfalto y concreto impide la infiltración del agua, acelerando su llegada a las quebradas y aumentando el riesgo de desbordamientos.
EPM y la gestión del sistema de alcantarillado
Empresas Públicas de Medellín (EPM) lidera la operación y mantenimiento de la red de alcantarillado, que incluye cerca de 80.000 sumideros. En 2025, se realizaron inspecciones en más de 123.000 sumideros y se limpiaron profundamente cerca de 44.000.
Entre enero y marzo de 2026, EPM limpió 16.000 sumideros en zonas críticas para mejorar la capacidad del sistema y reducir riesgos en sectores vulnerables como Villanueva, La Alpujarra y la Terminal del Norte.
- Inspección y limpieza constante de sumideros y redes de alcantarillado.
- Inversión cercana a $880.000 millones para mejorar infraestructura de acueducto y drenaje.
- Implementación de nueve interconexiones estratégicas para garantizar flexibilidad operativa.
- Monitoreo y mantenimiento preventivo durante la temporada de lluvias.
"Al impermeabilizar muchas de las zonas verdes, estamos haciendo que mucha agua no se infiltre y que llegue de una forma más rápida a las quebradas, lo que está agravando el problema."
El sistema integral de drenaje urbano, compuesto por vías, cunetas, sumideros, redes de alcantarillado y cuerpos de agua naturales, es fundamental para minimizar impactos en la población, viviendas y movilidad durante eventos de lluvia intensos.
El reto en Medellín es claro: combinar el crecimiento urbano con una planeación territorial que respete los cauces naturales y fortalezca la resiliencia frente a las lluvias, evitando que fenómenos naturales se conviertan en emergencias.