Desde que Nicolás Maduro asumió la presidencia en 2013, las reservas de oro del Banco Central de Venezuela (BCV) cayeron dramáticamente de 366 a cerca de 53 toneladas, pese a la producción anual del Arco Minero del Orinoco estimada entre 35 y 80 toneladas. Este descenso coincide con una red clandestina que exportó oro a Turquía, Irán, Rusia y Emiratos Árabes Unidos, a cambio de alimentos y otros bienes.
El vínculo entre Venezuela y Turquía se intensificó tras la visita de Maduro a Ankara en 2016 y la apertura de la ruta aérea Estambul-Caracas. Aunque inicialmente los vuelos tenían escaso tráfico de pasajeros, se convirtieron en un canal para transportar oro, tanto en vuelos comerciales como privados, según fuentes cercanas al comercio.
El oro extraído debía ser procesado por la empresa mixta Minería Binacional Turquía-Venezuela (Mibiturven) y enviado al Banco Central venezolano. Sin embargo, estimaciones indican que solo el 30% del oro llegó al BCV, mientras el resto fue contrabandeado. La crisis económica y las sanciones internacionales, que bloquearon activos en países como Reino Unido y Suiza, impulsaron esta dinámica irregular.
A pesar del desplome oficial en las exportaciones registradas a partir de 2020, las reservas venezolanas siguieron cayendo. Investigaciones sugieren que el comercio continuó por canales no oficiales, con vuelos privados frecuentes entre Venezuela y Turquía, además de rutas hacia Irán, donde se intercambiaba oro por combustible durante la pandemia.
Empresarios turcos y el exministro venezolano Alex Saab, señalado como testaferro de Maduro, han sido investigados y detenidos por su papel en esta trama. Empresas turcas como la Refinería de Oro de Estambul (IAR) y otra en Çorum, vinculada al empresario Ahmet Ahlatçi, fueron señaladas como centros para el procesamiento del oro venezolano, aunque Ahlatçi negó haber recibido oro directamente.
El acuerdo informal habría consistido en enviar el oro a Turquía para su refinación y depósito en el banco central turco, descontando luego el valor para la importación de alimentos y materiales a Venezuela. Sin embargo, algunas fuentes indican que parte del oro pudo haber sido redirigido a Rusia y otros destinos, sorteando sanciones internacionales.
“¿Cuánto oro y dólares de Maduro y de Venezuela hay en Turquía? ¿A nombre de quién están? ¿Qué ocurrirá con ellos?”, se cuestionaba el exdiputado turco Emin Sirin tras el secuestro del presidente venezolano en enero de 2026.
El impacto en la comunidad internacional es significativo, pues esta red opaca no solo ha debilitado la economía venezolana, sino que también ha puesto en evidencia la complejidad de los flujos ilícitos de oro en la región, con posibles implicaciones en varios países que actúan como centros de tránsito o destino final.