El Gobierno de Estados Unidos ha iniciado la construcción de un muro fronterizo en el cerro Cuchumá, una montaña sagrada para la comunidad indígena Kumiai ubicada en Baja California, México. Este acto ha generado gran preocupación ya que el lugar estaba protegido por un convenio firmado en la década de los 90 que prohibía cercos fronterizos en esta zona para preservar su valor cultural y natural.
Las obras se han desarrollado sin previo aviso ni consulta a la comunidad Kumiai, quienes han denunciado la afectación de sus espacios ceremoniales y la amenaza a la biodiversidad local, incluyendo flora y fauna nativa. Además, se han reportado detonaciones durante los trabajos, lo que aumenta la inquietud de los pobladores.
A pesar de las gestiones realizadas por autoridades mexicanas, como la Secretaría de Cultura de Baja California, para detener las obras, estas continúan avanzando del lado estadounidense. La comunidad Kumiai considera que el cerro Cuchumá no solo es un sitio natural, sino un lugar de gran significado espiritual, donde se realizaban rituales y se encuentran pinturas rupestres y monolitos ancestrales.
El cerro Cuchumá se extiende a ambos lados de la frontera, cruzando una región natural continua que ha sido dividida políticamente. La falta de reconocimiento oficial de estos vestigios por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México ha dificultado la protección formal del sitio, aunque diversos académicos han documentado la importancia histórica y cultural del lugar.
“Estas obras amenazan no solo nuestro territorio, sino también nuestra identidad y patrimonio espiritual”, expresa Daniela, joven integrante de la comunidad Kumiai en Tecate.
El caso del cerro Cuchumá refleja los desafíos que enfrentan las comunidades indígenas en la defensa de sus territorios ancestrales frente a proyectos de infraestructura fronteriza que no consideran sus derechos ni el valor de sus sitios sagrados.