El color naranja que seduce al consumidor
El salmón destaca por su característico tono naranja rosado, resultado de la astaxantina, un carotenoide presente en su dieta. Este color no solo atrae visualmente, sino que también genera confianza en frescura y calidad, siendo un factor clave para su popularidad en la gastronomía y el mercado.
“Si Dios hubiera hecho los salmones de color blanco, no sé si serían tan populares, porque el aspecto importa”, afirma el chef Antonio Sáez.
Marketing noruego y la globalización del sushi
Noruega ha invertido fuertemente para posicionar el salmón como un producto estrella a nivel mundial. La expansión del sushi y el poke ha impulsado aún más su consumo, convirtiendo al salmón en un ingrediente imprescindible en platos crudos que se han popularizado en todo el planeta.
El llamado 'Proyecto Japón' en los años 80 y 90 fue clave para introducir el salmón de cultivo noruego en el mercado japonés, adaptándolo al sushi y sashimi, y consolidando su lugar en la cocina internacional.
La acuicultura garantiza salmón disponible todo el año
La producción intensiva en acuicultura ha convertido al salmón en un producto accesible y con precio estable durante todo el año. Su versatilidad y fácil preparación lo hacen ideal tanto para hogares como para restaurantes, donde llega limpio, fileteado y listo para consumir.
“El salmón es el pollo del mar: está en todas partes y es muy fácil de consumir”, comenta Antonio Sáez.
Alternativas sostenibles empiezan a ganar espacio
Aunque el cultivo intensivo del salmón enfrenta críticas por su impacto ambiental y uso de antibióticos, existen opciones más sostenibles. Restaurantes como Fishiology optan por trucha salmonada de origen local, que ofrece un sabor más intenso y menor huella ambiental.
Además, frente a la amplia variedad de pescados disponibles en Colombia, expertos recomiendan diversificar el consumo y no depender exclusivamente del salmón importado.
¿Seguirá el salmón dominando las mesas del mundo?
La demanda global de salmón parece imparable gracias a su combinación de atractivo visual, sabor neutro y disponibilidad constante. Sin embargo, el futuro de su consumo dependerá de la evolución de la acuicultura, la conciencia ambiental y la apertura hacia alternativas más sostenibles y locales.