El 18 de marzo, Israel lanzó un ataque contra South Pars, el mayor yacimiento de gas del mundo, ubicado en Irán. Este hecho representa un aumento significativo en la intensidad del conflicto en la región, al impactar directamente la infraestructura energética vital de la República Islámica.
En respuesta, Teherán ejecutó represalias que afectaron a países vecinos como Qatar, Arabia Saudita y Kuwait, elevando el riesgo de una escalada regional. Estas acciones también pusieron en evidencia tensiones entre aliados estratégicos.
En medio de la controversia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, salió a desmentir que hubiera sido consultado sobre el ataque israelí, contradiciendo informes de medios estadounidenses que sugieren lo contrario.
"No fui informado ni consultado acerca de las operaciones militares en el yacimiento South Pars", afirmó Trump en un comunicado emitido la noche del ataque.
Este episodio pone en relieve la complejidad de las alianzas internacionales y la delicada situación en Medio Oriente, donde cualquier movimiento puede desencadenar consecuencias de gran alcance para el suministro energético mundial y la estabilidad regional.