La noche del 12 de abril, el primer ministro húngaro Viktor Orbán anunció su derrota tras 16 años de mandato, un hecho que desató celebraciones a orillas del Danubio con un cántico emblemático: "Ruszkik haza" (rusos, váyanse a casa).
Este grito, que en 1989 simbolizaba la lucha contra la ocupación soviética y el fin del régimen comunista, resurgió con un nuevo significado, reflejando el deseo de los húngaros por un cambio político que reafirme los valores democráticos y liberales.
La victoria del partido conservador TISZA, liderado por Peter Magyar, representa un reto para Europa, que enfrenta el auge de movimientos antiliberales en varios países. Este resultado electoral en Hungría es interpretado como una esperanza para la consolidación de la democracia liberal en la región.
“Hungría ha dado un paso decisivo hacia la defensa de la democracia liberal en un momento crítico para Europa.”