Un hallazgo que conmociona a Suba
Guillermo Alberto Anzola, de 72 años, y Gloria Isabel Guerrero, de 66, fueron encontrados muertos en su casa del barrio Aures, localidad de Suba, Bogotá. La hija de la pareja descubrió los cuerpos tras recibir una llamada que alertaba sobre una situación irregular en la vivienda familiar.
Los cuerpos presentaban heridas con arma cortopunzante, y el interior del inmueble estaba desordenado, aunque sin indicios claros de robo, pues celulares, dinero y otros objetos de valor permanecían en el lugar.
La familia y las circunstancias previas al crimen
La hija de las víctimas relató que además de sus padres, en la casa vivía una menor de 7 años y el excompañero sentimental de ella, quien aunque ya no mantenía una relación con la mujer, seguía residiendo en el inmueble desde noviembre de 2025, pagando un arriendo mensual.
El excompañero entregó una declaración juramentada asegurando no estar presente en el momento del homicidio. La familia también mencionó antecedentes de violencia intrafamiliar que motivaron la separación de la pareja.
La pista clave: un hombre con cachucha en las cámaras de seguridad
Una cámara instalada en la entrada de la casa captó a un hombre con una cachucha, que aparentemente pertenecía a Guillermo Alberto Anzola, cubriéndose el rostro con un trapo. Esta grabación fue revisada por un familiar desde un celular y ha despertado sospechas entre los investigadores.
Las autoridades del CTI de la Fiscalía analizan estas imágenes para identificar a la persona y determinar su posible relación con el doble homicidio.
Elementos que generan interrogantes en la escena del crimen
- Guillermo Alberto Anzola fue hallado cerca de su bastón, elemento crucial debido a sus problemas de movilidad y condición de paciente terminal.
- A pesar del desorden en la casa, no se reportaron robos, lo que sugiere que el desorden pudo haber sido simulado para aparentar un hurto.
- El celular de Guillermo fue encontrado en el bolsillo de su chaqueta, intacto.
Mientras avanza la investigación, la familia se prepara para despedir a los adultos mayores, quienes vivieron en el barrio Aures durante más de 30 años, con la esperanza de que se haga justicia pronto.