Bienestar

Kate Manne revela cómo la delgadez se convierte en símbolo de clase social y poder

Kate Manne expone en su libro 'Irreductibles' cómo la gordofobia sostiene jerarquías sociales y afecta especialmente a las mujeres, relacionando la delgadez con el estatus socioeconómico y cuestionando las normas patriarcales de belleza.

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Foto: La voz del país

Kate Manne, doctora en Filosofía especializada en ética, feminismo y filosofía social, comparte en 'Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia' una mirada crítica sobre la violencia que sufren las personas con cuerpos no normativos. Manne revela que ser delgada es un indicador poderoso de clase social e ingresos, y que la gordofobia funciona como un mecanismo de exclusión y jerarquización corporal dentro del patriarcado y el capitalismo.

El impacto en la comunidad feminista y social

La autora relata cómo el miedo a no encajar en los cánones de belleza afecta especialmente a mujeres feministas, quienes pueden ser desestimadas o menospreciadas por no tener cuerpos normativos. Señala que las sanciones sociales por el peso son mucho más duras para las mujeres que para los hombres, evidenciando una desigualdad en la percepción pública y mediática.

Manne explica que la gordofobia y la misoginia están interrelacionadas, creando una jerarquía de cuerpos que alimenta la competencia entre mujeres y sirve para mantener estructuras de poder patriarcales. Esta jerarquía se basa en la delgadez como un valor social que permite clasificar y controlar a las mujeres.

La dimensión política de la gordofobia y la autonomía corporal

El libro plantea que la respuesta a la gordofobia debe ser política, enfocándose en cambiar sistemas y estructuras que la sostienen. Manne defiende la autonomía corporal, afirmando que las personas deben tener el derecho de decidir sobre sus cuerpos sin ser juzgadas, ya sea para perder peso o para aceptarlo.

También critica la fetichización de la delgadez extrema y la presión social que generan fármacos como Ozempic, que se presentan como caminos hacia la salud pero que pueden deslegitimar a quienes mantienen cuerpos más grandes.

Gordofobia, racismo y jerarquías sociales

Manne señala que la gordofobia tiene raíces en el racismo, destacando cómo en el siglo XVIII la pseudociencia racista vinculó la gordura a la negritud como una forma de justificar la esclavitud y la deshumanización. Esta invención histórica sigue perpetuando prejuicios y discriminaciones actuales.

Además, la filósofa destaca que la delgadez se ha convertido en un símbolo de estatus económico, pues representa el acceso a recursos, servicios y procedimientos estéticos, consolidando así una relación directa entre cuerpo y clase social.

Desafiando las normas y la cultura de la dieta

La cultura de la dieta, según Manne, funciona como una forma de gaslighting que obliga a las personas a intentar perder peso constantemente, a pesar de que la evidencia científica muestra que la mayoría recupera el peso perdido y que la relación entre peso y salud es compleja y no lineal.

Manne también critica la hipocresía social que sexualiza a las mujeres gordas en contextos como la pornografía, pero que al mismo tiempo las margina y niega su legitimidad en relaciones formales, evidenciando un trato contradictorio y humillante.

“Ser una persona delgada es un poderoso indicador de clase social e ingresos” – Kate Manne

La voz del país

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