En el corazón del desierto libio, la ciudad de Kufra se ha convertido en un inesperado refugio para miles de sudaneses desplazados por la guerra civil que estalló en abril de 2023. Entre 40.000 y 60.000 personas han encontrado allí un espacio para vivir, trabajar y reconstruir sus vidas, casi igualando a la población local de esta urbe remota.
Nafissa Boubaker, madre y refugiada, dirige un café que evoca la cultura sudanesa con cafés especiados, en un pequeño espacio comercial donde conviven tiendas de comida, ropa, y puntos de encuentro social. Este comercio informal, construido con materiales precarios, es símbolo de la resiliencia y organización de la comunidad sudanesa en Kufra.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) reporta que más de 12 millones de sudaneses han sido desplazados internamente o han huido del país, con Libia posicionándose como el segundo país receptor con 550.000 refugiados, después de Chad. Kufra, con su extensa frontera y aislamiento geográfico, es un punto clave en esta crisis migratoria.
Los sudaneses en Kufra se integran en múltiples roles laborales, desde profesores y médicos hasta comerciantes y obreros, contribuyendo al tejido social y económico local. Sin embargo, las dificultades persisten, especialmente en el acceso a servicios básicos como la salud, donde más del 70% del personal médico es sudanés y los pagos se retrasan.
Los campamentos informales, denominados 'granjas', alojan a miles en condiciones precarias, con refugios improvisados y limitado acceso a agua potable y saneamiento. Organizaciones internacionales brindan apoyo médico y humanitario, aunque la reducción de fondos ha afectado la continuidad de estos proyectos.
La educación es un pilar fundamental para la comunidad refugiada, con escuelas públicas que operan en horarios diferenciados para niños sudaneses, quienes siguen el currículo de su país de origen. Sin embargo, la falta de recursos y materiales escolares es un desafío constante que las autoridades y voluntarios intentan superar.
“Los refugiados son nuestros invitados. Hemos recibido la orden del Alto Comandante de cuidar de nuestros invitados. Son nuestros hermanos.”
Este mensaje, pronunciado por Mohammed Abdulrahim Boumriz, alcalde de Kufra, refleja el espíritu de acogida que prevalece en esta ciudad del desierto, donde la solidaridad y la convivencia entre libios y sudaneses marcan una historia de supervivencia y esperanza en medio de la adversidad.