La reciente remoción de Delcy Rodríguez de la lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN) de Estados Unidos no es un hecho aislado, sino el resultado de una compleja intermediación donde la dimensión religiosa ha tenido un papel crucial. Dos días antes de esta decisión, el entonces presidente Donald Trump sostuvo una reunión con el pastor evangélico Ramiro Peña, quien días antes había visitado a Rodríguez en Caracas acompañado por una delegación religiosa y el excanciller colombiano Luis Gilberto Murillo.
Desde 2018, Rodríguez estuvo bajo sanciones financieras, pero su cooperación gradual con la Casa Blanca, incluyendo acciones contra figuras clave del chavismo, sumado al respaldo de actores religiosos, facilitó el levantamiento de estas medidas. Esta diplomacia de fe, que combina actores políticos y religiosos, se perfila como un canal efectivo de interlocución con la administración Trump, quien otorgaba especial influencia a líderes espirituales como Ramiro Peña.
Un operativo sin precedentes en Caracas
Una semana antes de la exclusión de Rodríguez de la lista Clinton, el 25 de marzo, la delegación liderada por los pastores Ramiro Peña y Roosevelt Fonseca arribó a Caracas. En el Poliedro se realizó un acto de fe con la presencia de Rodríguez, miembros del gabinete venezolano y líderes evangélicos internacionales. Ese mismo día, se produjo un encuentro privado entre la funcionaria, la delegación y Luis Gilberto Murillo para dialogar sobre la recuperación económica de Venezuela y la confianza necesaria para atraer inversión colombiana.
Murillo regresó a Colombia mientras los pastores viajaron a Estados Unidos, donde Peña se reunió con Trump justo antes de que se anunciara oficialmente la salida de Rodríguez de la lista de sanciones.
“Valoramos la decisión del presidente Donald Trump como un paso en la dirección de la normalización y fortalecimiento de las relaciones entre nuestros países”, afirmó Rodríguez en su cuenta de X tras la medida.
El impacto en la comunidad política colombiana
La estrategia de la diplomacia de la fe no solo ha tenido repercusiones en Venezuela, sino que también resuena en la política colombiana. Fuentes cercanas al excanciller Murillo señalan que este tipo de intermediación podría ser determinante para que el presidente Gustavo Petro también logre flexibilizar sanciones internacionales que lo afectan.
Murillo, reconocido por su cercanía con líderes religiosos en Estados Unidos, facilitó un encuentro clave entre Petro y Ramiro Peña en la residencia del embajador colombiano en Washington, allanando el camino para la reunión con Trump. Sin embargo, Petro enfrenta críticas por contratos recientes para la defensa jurídica frente a sanciones, lo que ha motivado investigaciones de la Procuraduría General.
Desde la Casa de Nariño se insiste en que estas acciones buscan proteger la estabilidad financiera y las relaciones internacionales del país, y no la defensa personal del mandatario. No obstante, la diplomacia de la fe se perfila como una posible vía para superar los obstáculos legales y políticos a nivel internacional.
“Petro tiene que fortalecer su relación con los líderes evangélicos”, afirmaron fuentes consultadas, destacando la influencia de estos actores en la política exterior estadounidense.