La Federación Internacional del Automóvil (FIA) tomó una decisión contundente para acabar con una práctica técnica que Mercedes y Red Bull utilizaban para obtener una ventaja extra en las sesiones de clasificación de la Fórmula 1. Esta maniobra, basada en un vacío legal del reglamento, permitía a estos equipos mantener una potencia máxima en los últimos metros de la vuelta rápida.
Un truco que explotaba un vacío en el reglamento
El reglamento técnico exige que los monoplazas reduzcan la entrega de energía eléctrica en 50 kW por segundo al acercarse a la línea de meta para controlar el consumo de la batería. Sin embargo, Mercedes y Red Bull detectaron que si el sistema MGU-K se apagaba por una supuesta emergencia, estaban exentos de esta reducción gradual.
Al programar un apagado repentino del MGU-K justo antes de cruzar la meta, lograban mantener la potencia máxima durante más tiempo, ganando entre 50 y 100 kW en los últimos metros y consiguiendo una ventaja de casi una décima de segundo, un margen decisivo para lograr la pole position.
El impacto en la seguridad y la reacción de la FIA
Además de la ventaja competitiva, esta práctica representaba un riesgo para la seguridad. Al perder toda la asistencia eléctrica tras cruzar la meta, pilotos como Max Verstappen y Andrea Kimi Antonelli enfrentaron dificultades para regresar a boxes, quedando vulnerables en sectores rápidos.
La FIA respondió estableciendo que si el MGU-K se apaga, el sistema no podrá reactivarse durante 60 segundos, eliminando el incentivo de desconectarlo para maximizar potencia. Los comisarios técnicos podrán verificar telemetrías para identificar desconexiones inducidas y sancionar su uso indebido.
La FIA vigilará estrechamente la telemetría para garantizar que las desconexiones sean por fallos reales y no para obtener ventaja competitiva.
Esta medida busca erradicar la maniobra sin afectar la protección legítima de las unidades de potencia, garantizando así la equidad deportiva y la seguridad en la pista.