La expansión acelerada de la inteligencia artificial (IA) está provocando un aumento significativo en el consumo de recursos naturales y podría convertirse en uno de los mayores desafíos ambientales de la próxima década si no se adoptan medidas urgentes de gobernanza y sostenibilidad. Así lo advierte un nuevo informe elaborado por el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH).
Una infraestructura cada vez más demandante
El estudio calcula que el consumo energético asociado a la inteligencia artificial podría duplicarse antes de 2030, impulsado por el uso cotidiano de plataformas digitales y herramientas generativas. La dependencia de centros de datos, servidores y sistemas de refrigeración incrementa la presión sobre el agua, la tierra y las emisiones de CO₂.
La IA no es virtual: su crecimiento tiene un costo físico real que estamos empezando a dimensionar. Sin una gobernanza ambiental sólida, este impacto podría agravarse de forma irreversible.
El informe subraya que, aunque la IA ofrece beneficios en eficiencia y productividad, su huella ecológica requiere atención inmediata. Los investigadores instan a gobiernos y empresas a integrar criterios de sostenibilidad en el desarrollo de esta tecnología para evitar consecuencias ambientales graves.