Compartir Enlace copiado Foto:Juan Pablo RuedaContenidoExplicativo InvestigaciónLa labor de los habitantes de Puerto Leguízamo para buscar a los sobrevivientes del avión Hércules C-130 caído en PutumayoJhan Trujillo realizó una labor heroica al prestar su vehículo de transporte para auxiliar a militares y policías.Natalia Peláez SabogalEscuela ET / Redacción Justicia22 de julio 2026, 07:00 P.M. Actualizado:22.07.2026 19:09Compartir Enlace copiado Un video grabado por un habitante de Puerto Leguízamo comenzó a circular en redes sociales pocas horas después de la tragedia. En él aparece un hombre conduciendo una motocicleta Honda XL a toda velocidad por una trocha destapada de Puerto Leguízamo (Putumayo). El intenso sol del verano cae sobre el camino de tierra mientras, a los lados, decenas de habitantes observan con una mezcla de curiosidad, miedo y desconcierto. Lleva chanclas, un pantalón gris, una camisa blanca abierta y una camisilla. En la parte trasera de la moto viajan dos soldados; uno de ellos tiene el rostro cubierto de sangre.El conductor es Jhan Trujillo, quien desde hace diez años tiene ‘una fama’, como coloquialmente llama a su carnicería. Ese lunes se levantó y recibió un pedido, tenía que llevar algunas libras de carne molida a la parte alta del pueblo. Pensó: "Voy a dejar el domicilio y vuelo". Por eso ni siquiera desayunó. Se fue con lo que tenía puesto y se subió a su moto, que casualmente tiene el mismo tiempo que su negocio.Entregó el pedido y, al pasar por el centro del pueblo, divisó una gran columna de humo. Para ese momento, el verano ya se había instalado en Puerto Leguízamo, a orillas del río Putumayo, por lo que no se le hizo tan extraño. “Aquí normalmente, con el verano, siempre se prenden los ranchitos” dice, refiriéndose a las viviendas que están alejadas del corazón del pueblo. Se fue a ver si podía hacer algo.Jhan Trujillo, el 'héroe' de la motocicleta tras el siniestro aéreo.Foto:Juan Pablo Rueda "A lo que entré por esa destapada, vi que la gente iba corriendo y pregunté: 'Bueno, ¿y qué es lo que está pasando?'". La respuesta fue tan corta como contundente: "Se cayó el avión". Él solo atinó a responder: "¡No, jodas!". Sin detenerse, siguió por la trocha, levantando polvo y piedras con la moto, hasta que el camino se hizo más difícil.Ampliar imagenHabitantes de Puerto Leguízamo acuden al lugar de la caída.Foto:Juan Pablo Rueda Le dio la vuelta al predio y quedó a unos 40 o 50 metros del lugar. Desde allí solo alcanzaba a ver la cola del avión, con la inscripción Hércules, la bandera de Colombia y la matrícula 1016. No sabía cuántos pasajeros iban a bordo ni conocía los detalles del accidente; solo tenía claro que debía ayudar. Cuando llegó, ya había alrededor de 15 personas. El humo de las llamas hacía aún más confusa la escena y, antes de que pudiera detenerse a asimilar lo que estaba viendo, comenzaron a escucharse los primeros llamados de auxilio. Eran soldados que intentaban salir de entre las ramas secas, la maleza y los restos que había dejado el impacto."Entonces, hermano, venga, yo los llevo para el hospital’ le dijo a los solados “Prendí la moto nuevamente y se subieron". Con el primer soldado a bordo tomó rumbo al Hospital María Angelines, a unos cuatro kilómetros del lugar del accidente. Fue de los primeros en llegar y, con la adrenalina a tope, pasó de largo los límites y la señalización que indicaba dónde debían dejar a los heridos, porque en ese momento lo único que le importaba era poner al soldado en manos del personal médico. "En ese desespero, mejor dicho, con la gritadera y toda la gente tratando de auxiliar, yo entré casi hasta la sala de emergencias".Las palabras de aquel soldado aún no se le olvidan:—No nos dejen solos. Mis compañeros siguen dentro del avión. Ayúdenlos.—No, tranquilo, tranquilo. Nosotros les vamos a colaborar. La gente del pueblo ya está ayudando—le respondió.Sin proponérselo, asumió un compromiso. Después del segundo viaje, sin embargo, se hicieron visibles los desafios que desde hace años enfrenta Puerto Leguízamo, agravadas por el verano. No había gasolina en el pueblo y a su moto le quedaba poco combustible. Le tocó acudir a la reserva: una garrafa con algunos litros. "Me vine para la casa. La tanqueé y volví otra vez a seguir colaborando". Sabía que el compromiso que había asumido con aquel soldado aún no estaba cumplido. Mientras tanto, toda la atención del pueblo estaba puesta en la caída del Hércules. Esa mañana nadie volvió a preguntar por su carnicería. Lo que se veía por las calles eran caravanas de motos con soldados heridos.La caída dejó un saldo de 69 vidas que se perdieron ese día.Foto:Ejército Nacional En medio de los viajes tuvo que ver a las víctimas fatales del accidente y también a sus vecinos y a soldados de Infantería desmoronarse ante la escena. Algunos terminaron desmayados por el calor, el sofoco, la inhalación de los químicos que desprendió el avión y el impacto de ver a tantos jóvenes en su condición más vulnerable. "Era muy berraco ese momento. Muy duro. La munición no dejaba prácticamente arrimar".Con el paso de las horas, el cielo opaco terminó por despejarse y el calor se hizo insoportable. Sin haber desayunado ni almorzado, Jhan Trujillo siguió entrando y saliendo del lugar del accidente hasta completar seis viajes. En el último, con el afán de sacar a los sobrevivientes lo más rápido posible, llevo a dos militares. Fue en ese recorrido cuando alguien grabó el video que, horas después, le daría la vuelta al país. Con ese último trayecto completó siete soldados rescatados de los 57 que sobrevivieron al accidente."Ya después de ese último viaje, el cuerpo no me dio más. El sol estaba muy bravo". Hacia las tres de la tarde, la mayoría de los sobrevivientes ya habían sido evacuados en motos y camionetas. La parte de su compromiso estaba cumplida. Después llegarían quienes se encargarían del levantamiento de los cuerpos. Regresó a su casa, vio a su hijo, que apenas tenía un mes de nacido, y solo entonces pudo dimensionar todo lo que había vivido. Repasó uno por uno los viajes que hizo ese día y sintió un nudo en la garganta. "Mirando el siniestro, piensa uno en los pobres muchachos y todo destruido". Poco a poco comenzó a sentir lo que la adrenalina había mantenido a raya durante horas. Se quitó la camiseta y se dio cuenta de que también estaba manchada de sangre.Ya después de ese último viaje, el cuerpo no me dio más. El sol estaba muy bravo. Ampliar imagenDurante cinco horas, Jhan Trujillo estuvo transportando a las víctimas.Foto:Cortesía Jhan Trujillo A las pocas horas, el teléfono no dejó de sonar. Se había convertido en el habitante de Puerto Leguízamo al que todos los medios de comunicación querían entrevistar. Apareció en noticieros de todo el país catalogado como "héroe nacional" e incluso "el ángel de Puerto Leguízamo". A él, sin embargo, esas etiquetas no le gustan. Insiste en que es un ser humano como cualquier otro y que ese día simplemente hizo lo que sintió que tenía que hacer.Semanas después, en esa misma casa, recibiría a María Pérez, la madre de los hermanos Daniel Esteban y Santiago Andrés Arias Pérez, dos soldados que abordaron el Hércules C-130 y fallecieron en el accidente. Ella llegó desde Córdoba para conocer el lugar donde sus hijos pasaron sus últimos días y reconstruir lo ocurrido aquel 23 de marzo, e incluso lloraron juntos. Hablaron del accidente y de los dos jóvenes, y , en medio del dolor, quiso agradecerle por haber intentado ayudar a los soldados. "Vino a darme las gracias por haberles colaborado a los muchachos allá, a pesar de que sus hijos no tuvieron la suerte de quedar vivos" recuerda Jhan Trujillo.De la tragedia, sobrevivieron un total de 57 militares.Foto:Juan Pablo Rueda El 11 de abril, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, llegó a Puerto Leguízamo para agradecerles a los habitantes la ayuda que brindaron tras el accidente, una acción que calificó como heroica. "Una población que le demostró a todo el mundo que lo más importante no es lo que se tiene, sino lo que sé es; que lo más importante no es tener algún elemento, sino la voluntad", dijo durante el homenaje. Lo que Jhan Trujillo no sabía era que ese día también habría un reconocimiento para él. La empresa fabricante de su motocicleta decidió obsequiarle una nueva y la Fuerza Aeroespacial Colombiana se encargó de llevarla incluso en helicóptero. Aun así, insiste en que nunca hizo nada esperando una recompensa. "Uno no hace esas cosas esperando algo a cambio. En un momento así, uno no piensa ni en lo de uno, ni siquiera en la vida".No se puede decir que Jhan Trujillo se hizo famoso en el pueblo, porque allí todos ya lo conocían. Lo que cambió fue que ahora los soldados pasan, lo saludan y, en medio de esas sonrisas, le agradecen en silencio por haber salvado a algunos de los suyos. El verano terminó y el invierno volvió a instalarse en Puerto Leguízamo. La lluvia ha intentado borrar las huellas que dejó el accidente, pero la historia del municipio quedó entrelazada para siempre con la de la peor tragedia de la Fuerza Aeroespacial Colombiana. También quedaron demostradas la bondad y la humanidad de sus habitantes.natalia Peláez SabogalEscuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO / Redacción Justicia Conforme a los criterios de MÁS INFORMACIÓN