En el corazón del centro histórico de Ciudad de México, las vecindades, esas antiguas urbanizaciones que han albergado a familias obreras por generaciones, luchan por no desaparecer. María Guadalupe Gutiérrez, conocida como Doña Lupita, representa la resistencia de una comunidad que ha defendido con fervor su hogar y su estilo de vida tradicional frente a las crecientes presiones económicas y sociales.
Estas vecindades, construidas en el siglo XIX y valoradas por su arquitectura y su sentido comunitario, están siendo desplazadas lentamente por proyectos comerciales, plazas, y alojamientos turísticos que transforman el casco antiguo en una zona cada vez menos accesible para sus habitantes originales.
El impacto económico y social del desplazamiento
Expertos en urbanismo señalan que el desplazamiento de habitantes en el centro histórico ha sido constante desde mediados del siglo XX, con una reducción poblacional significativa. Entre 2016 y 2022, las viviendas en vecindad disminuyeron en un 37%, evidenciando una hemorragia que afecta no solo la arquitectura sino también la esencia cultural de la ciudad.
“Esto es lo que somos. Acabar con ellas es acabar con nuestra identidad”, expresa Doña Lupita al denunciar el avance de la gentrificación y los desalojos.
La llegada de empresarios interesados en comprar propiedades y convertirlas en espacios comerciales o turísticos genera un constante acoso a los vecinos, quienes resisten con la esperanza de preservar su comunidad. Sin embargo, la falta de apoyo institucional y la burocracia dificultan la conservación de estos patrimonios vivos.
El abandono institucional y la burocracia como factores críticos
Académicos y habitantes coinciden en que tanto el gobierno federal como el local han dejado de lado la protección del patrimonio arquitectónico y social representado por las vecindades. El mantenimiento costoso y la presión para cambiar el uso del suelo hacia sectores más rentables contribuyen al deterioro y éxodo de estas comunidades.
A pesar de esfuerzos comunitarios impulsados por Doña Lupita y otros vecinos para restaurar y revitalizar más de 30 vecindades mediante fondos participativos, el avance de la transformación comercial amenaza con borrar la historia y el modo de vida que han caracterizado al centro histórico de Ciudad de México.
“La Ciudad de México es un museo, completamente. Pero nosotros vivimos en historia viva”, afirma Ana María Robles, habitante de una vecindad restaurada.