A partir de cierta edad, las pérdidas, los logros y las heridas dejan de percibirse como episodios aislados y pasan a formar parte de una narrativa personal que obliga a replantear prioridades y sentidos. Esa reflexión aparece en el trabajo del psiquiatra francés Boris Cyrulnik, quien ha desarrollado durante décadas el concepto de resiliencia.
El cuerpo, la memoria y las emociones hablan juntos. La resiliencia no consiste en evitar el dolor, sino en reorganizar la vida a partir de las heridas.
Una vida marcada por la adversidad
La trayectoria personal de Cyrulnik atraviesa gran parte de su pensamiento. Sobreviviente del Holocausto, el psiquiatra ha convertido su propia experiencia en la base de una teoría que hoy aplica a distintas etapas de la vida, incluida la vejez.
El desafío de envejecer con sentido
Para Cyrulnik, después de los 60 años las certezas comienzan a romperse. El cuerpo cambia, la memoria se vuelve selectiva y las emociones se intensifican. En ese contexto, la resiliencia se convierte en una herramienta clave para reconstruir una identidad que no dependa del pasado, sino de la capacidad de adaptarse a nuevas realidades.
El psiquiatra invita a las personas mayores a no ver las pérdidas como fracasos, sino como oportunidades para reescribir su propia historia. 'El cuerpo habla, la memoria recuerda y las emociones conectan. Cuando logramos que los tres dialoguen, nace la resiliencia', concluye.