La cadena perpetua impuesta en Estados Unidos contra Ismael ‘El Mayo’ Zambada García cerró judicialmente la carrera de uno de los principales jefes del narcotráfico en el continente. Sin embargo, más allá de la condena por liderar durante casi cuatro décadas el Cártel de Sinaloa, el expediente reconstruye cómo Colombia terminó ocupando un lugar determinante en la transformación del negocio de la cocaína que permitió el crecimiento de la organización criminal mexicana.
El giro que modificó el mapa del narcotráfico
La decisión judicial no solo responsabiliza a Zambada García de dirigir una estructura que introdujo toneladas de cocaína, heroína, metanfetamina y fentanilo a Estados Unidos, sino que también documenta el cambio de modelo que modificó el mapa del narcotráfico en América. Ese giro comenzó cuando las organizaciones colombianas dejaron de controlar buena parte de la distribución dentro del mercado estadounidense y cedieron ese espacio a los carteles mexicanos.
De acuerdo con la investigación del Departamento de Justicia, durante los primeros años las operaciones del Cártel de Sinaloa dependían de “acuerdos de cooperación y una estrecha coordinación con redes de suministro y distribución sudamericanas”. Ese esquema cambió de manera gradual a comienzos de la década del 2000.
Los colombianos, al observar una mayor actividad policial, comenzaron a abandonar sus negocios de distribución en Estados Unidos para permitir que narcotraficantes mexicanos invirtieran en cargamentos de cocaína al por mayor, que luego distribuían en Estados Unidos.
Para las autoridades estadounidenses, ese movimiento marcó un punto de inflexión en la historia del narcotráfico internacional. El documento sostiene que esa decisión permitió que el Cártel de Sinaloa pasara de ser un intermediario logístico a convertirse en el principal administrador de la cadena criminal.
El nuevo equilibrio criminal entre Colombia y México
Ese cambio también alteró el equilibrio entre las organizaciones criminales de ambos países. Mientras las estructuras colombianas concentraron sus actividades en la producción y exportación de cocaína, el Cártel de Sinaloa asumió progresivamente el control de las rutas internacionales, el transporte, la distribución mayorista y el lavado de las ganancias obtenidas en el mercado estadounidense.
Según la acusación, esa nueva posición permitió a la organización construir una red logística que utilizó transporte terrestre, marítimo y aéreo para movilizar cargamentos de varias toneladas desde Sudamérica, atravesando Centroamérica y México antes de llegar a Estados Unidos. La cocaína procedente de Colombia siguió siendo uno de los pilares financieros de esa operación criminal.
Corrupción y violencia como pilares del imperio de Zambada
La investigación también concluye que los ingresos obtenidos con ese negocio facilitaron la expansión del cartel hacia nuevas economías ilícitas. Bajo el liderazgo de Zambada, la organización comenzó a producir y traficar fentanilo mediante la adquisición de precursores químicos provenientes de empresas chinas y la instalación de laboratorios en distintas regiones de México.
Para los fiscales estadounidenses, el crecimiento del Cártel de Sinaloa estuvo acompañado por un sistema de corrupción que garantizó la movilidad de cargamentos y la permanencia de sus líderes. La acusación sostiene que Zambada utilizó sobornos para controlar funcionarios y agentes encargados de proteger las rutas del narcotráfico, mientras recurría a la violencia y al asesinato para mantener la disciplina dentro de la organización y evitar la cooperación con las autoridades.
La condena también pone fin a una investigación que se extendió durante décadas y que reunió procesos abiertos en varios distritos federales de Estados Unidos. Zambada aceptó su responsabilidad como líder de una organización criminal continua y por un cargo relacionado con la Ley RICO, lo que derivó en la imposición de cadena perpetua y una multa de 15.000 millones de dólares.